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jueves, 1 de diciembre de 2011

La revista Nature recomienda a España, Grecia e Italia invertir en I+D

Traducción libre de la editorial recientemente publicado en la revista Nature, Half way there.


A mitad de camino

España, Italia y Grecia tienen nuevos gobiernos y nuevas leyes sobre investigación. A pesar de las presiones de austeridad económica, investigar en ciencia puede traer beneficios desproporcionados. 

Tres de los países mediterráneos peor heridos por la crisis (España, Italia y Grecia) tienen poco en común, más allá de compartir el litoral y bajos niveles de inversión en ciencia y desarrollo. Sin embargo, en los últimos años los tres han mostrado su deseo de reformar su desfasado sistema de investigación. Y en el último mes los tres han adquirido, de una manera u otra, un nuevo gobierno. 
La prioridad para estos gobiernos es traer de vuelta sus países del camino del desastre, y con ello ayudar a prevenir el colapso del euro. Dada la enormidad e importancia internacional de esta tarea, ¿tiene algún sentido favorecer al lobby científico, económica y políticamente, en medio de los paquetes de austeridad que los gobiernos tendrán que emplear?
Lo tiene, por dos motivos. Primero, cualquier país desarrollado sin una base científica razonable se enfrenta a un inhóspito futuro -este es un mantra habitual, pero cierto-. Los científicos en estos tres países han visto poco dinero nacional disponible para proyectos de investigación y prácticamente ninguna contratación científica. Los mejores científicos han tenido que sobrevivir con financiación internacional, particularmente de la Comisión Europea. Los científicos de Grecia y España son los que más se pueden quejar, ya que medidas de austeridad han reducido su salario, junto con otros funcionarios de sus países. No es difícil imaginar que futuros recortes llevarán a un nivel peligroso de desmotivación. Segundo. Estos tres países están ahora en algún punto del proceso de presentar o activar nuevas leyes que regulen como la investigación se organiza y evalúa, que los llevarán  algún punto dentro de la normalidad de este tipo de normas en Europa. Con todo motivo se deben invertir recursos políticos en asegurar que estas reformas se realizan adecuadamente -y dado que no costarán mucho, hay pocos motivos para no hacerlo-.
Estos países mediterráneos han tendido a ser opacos en sus inversiones en ciencia y contrataciones académicas, y la endogamia habitualmente ha prevalecido frente a la meritocracia. Las nuevas leyes deben ayudar a solucionar esto, primero introduciendo revisión por pares y evaluación. En España y Grecia, las nuevas leyes deben también introducir por primera vez muy necesarias agencias nacionales independientes para distribuir competitivamente lo recursos de la investigación primaria, siguiendo las líneas del Consejo Europeo de Investigación o la Fundación Nacional de Ciencia de EEUU. 
Estas leyes se han discutido durante años -Grecia prometió hace mucho una ley de la ciencia que aún no ha sido aprobada, incluso cuando su ley de universidades se aprobó el pasado Agosto-. En Italia una ley para la investigación se aprobó a finales de 2009 y una ley de universidades un año después. La ley española de la ciencia se aprobó el pasado Junio.
Todas estas leyes difieren en lo relevante y en los detalles, y no son perfectas en ningún caso. En estos tres países, por ejemplo, la mayoría de los académicos son funcionarios con trabajos de por vida, esto molesta principalmente a aquellos que esperaban que las universidades y laboratorios públicos de investigación iban a obtener más flexibilidad. En cualquier caso, si se implementan apropiadamente cada una de estas leyes conseguirán hacer una ciencia de mayor calidad y un mejor aprovechamiento del dinero.
Todo esto importa aún más debido a que un buen número de institutos internacionalmente competitivos, y un más pequeño número de institutos excelentes, han aparecido en estos países, incluso a pesar de la falta de apoyo político. Los líderes de estos institutos han decidido trabajar acorde a la meritocracia; imagínense lo mucho que se podría haber conseguido si esta medida se hubiera adoptado en la política científica en general. 
Las mejoras científicas en el sur de Europa no beneficiarán sólo a estos países individualmente, harán a Europa más competitiva en general. Claro que sin dinero nuevo, el marco legal no será capaz de realizar las maravillas que se esperan de él. Una nueva agencia de financiación no será de mucha ayuda sin dinero. 
Ahora no es el momento de esperar grandes aumentos en la inversión en ciencia, pero pequeños aumentos pueden significar una diferencia desproporcionada. A mitad de camino de la reforma España, Italia y Grecia necesitan ser ayudados. Al igual que una reforma fiscal, esto conlleva una devolución a largo plazo, para estos países y para el continente.