sábado, 21 de diciembre de 2013

Carl Sagan: La cuestión del aborto: una búsqueda de respuestas


La cuestión quedó zanjada hace años. El poder judicial optó por el término medio. Uno pensaría que la polémica había concluido, pero sigue habiendo concentraciones masivas, bombas e intimidación, muertes de trabajadores de clínicas abortistas, detenciones, intensas campañas, drama legislativo, audiencias del Congreso, decisiones del Tribunal Supremo, grandes partidos políticos que casi se definen sobre la materia y eclesiásticos que amenazan con la perdición a los políticos. Los adversarios se lanzan acusaciones de hipocresía y asesinato. Se invocan por igual el espíritu de la Constitución y la voluntad de Dios. Se recurre a argumentos dudosos como si fueran certidumbres. Los bandos en liza apelan a la ciencia para fortalecer sus posiciones. Se dividen las familias, maridos y mujeres deciden no hablar del asunto, viejos amigos dejan de hablarse. Los políticos examinan los últimos sondeos para descubrir qué les dicta la conciencia. Entre tanto grito, resulta difícil que los adversarios se escuchen.


Las opiniones se polarizan. Las mentes se cierran.

¿Es ilícito interrumpir un embarazo? ¿Siempre? ¿A veces? ¿Nunca? ¿Cómo decidir? Escribimos este artículo para entender mejor cuáles son las posturas enfrentadas y para ver si conseguimos hallar una posición que satisfaga ambas. ¿No existe término medio? Hay que sopesar los argumentos de uno y otro bando para determinar su consistencia y plantear supuestos prácticos, puramente hipotéticos en más de un caso. Si pareciera que algunos de estos supuestos van demasiado lejos, solicitamos del lector que tenga paciencia, pues estamos tratando de forzar las diversas posturas hasta su punto de ruptura a fin de advertir sus debilidades y fallos.

Cuando se reflexiona sobre ello, casi todo el mundo reconoce que no hay una respuesta tajante. Vemos que muchos partidarios de posturas divergentes experimentan cierta inquietud o incomodidad cuando se dualiza lo que hay detrás de los argumentos enfrentados (en parte por eso se rehúyen tales confrontaciones). La cuestión afecta con seguridad a interrogantes más hondos: ¿cuáles son nuestras responsabilidades mutuas?, ¿debemos permitir que el Estado intervenga en los aspectos más íntimos y personales de nuestra vida? ¿dónde están los límites de la libertad? ¿qué significa ser humano?

Respecto de los múltiples puntos de vista, existe la extendida opinión, sobre todo en los medios de comunicación que rara vez tienen el tiempo o la inclinación debidos para establecer distinciones sutiles de que sólo existen dos, "pro elección" y "pro vida". Así es como se autodenominan los dos bandos contendientes y así los llamaremos aquí. En la caracterización más simple, un partidario de la elección sostendrá que la decisión de interrumpir un embarazo sólo corresponde a la mujer y que el Estado no tiene derecho a intervenir, en tanto que un antiabortista mantendrá que el embrión o feto está vivo desde el momento de la concepción, que está vida nos impone la obligación moral de preservarla y que el aborto equivale a un asesinato.

Ambas denominaciones (pro elección y pro vida) se eligieron pensando en influir sobre quienes aún no se habían decidido: pocos desearán ser incluidos entre los adversarios de la libertad de elección o los enemigos de la vida. La libertad y la vida son, desde luego, dos de nuestros valores más apreciados, y aquí parecen hallarse en un conflicto fundamental.

Consideraremos sucesivamente estas dos posiciones absolutistas.

Un bebé recién nacido es con seguridad el mismo ser que justo antes de nacer. Existen pruebas sólidas de que un feto ya bien desarrollado reacciona a los sonidos, incluyendo la música, pero en especial a la voz de su madre. Puede chuparse el pulgar o sobresaltarse. De vez en cuando genera ondas cerebrales de adultos. Hay quienes afirman recordar su nacimiento o incluso el entorno uterino. Quizá se piense dentro del útero. Resulta difícil sostener que en el momento del parto sobreviene abruptamente una transformación hacia la personalidad plena. ¿Por qué, pues, debería considerarse asesinato matar un bebé el día después de nacer pero no el día antes?

En términos prácticos, esto es poco importante. Menos del 1% de los abortos registrados en Estados Unidos tienen lugar en los tres últimos meses del embarazo (y tras una investigación más atenta se descubre que la mayoría corresponden a abortos naturales o errores de cálculos), sin embargo, los abortos realizados durante el tercer trimestre proporcionan una prueba de los límites del punto de vista "pro elección". ¿Abarca el "derecho innato de una mujer a controlar su propio cuerpo" el de matar un feto casi completamente desarrollado y que, a todos los fines, resulta idéntico a un recién nacido?

Creemos que muchos de quienes defienden la libertad reproductiva se sienten, al menos en ocasiones, inquietos ante esta pregunta, pero son reacios a planteársela porque es el comienzo de una pendiente resbaladiza. Si resulta inadmisible suspender un embarazo el noveno mes, ¿qué sucede con el octavo, el séptimo, el sexto...? ¿No cabe deducir que el Estado puede intervenir en cualquier momento si reconocemos su capacidad para actuar en un determinado momento del embarazo? Esto invoca el espectro de unos legisladores, predominantemente varones y opulentos, decidiendo que mujeres que viven en la pobreza carguen con unos niños que no pueden permitirse el lujo de criar; obligando a adolescentes a traer al mundo hijos para los que no están emocionalmente preparadas; diciendo a las mujeres que aspiran a una carrera profesional que deben renunciar a sus sueños, quedarse en casa y criar niños; y, lo peor de todo, condenando a las víctimas de violaciones e incestos a aceptar sin más la prole de sus agresores. Las prohibiciones legislativas del aborto suscitan la sospecha de que su auténtico propósito sea controlar la independencia y la sexualidad de las mujeres.

¿Con qué derecho los legisladores se permiten decir a las mujeres qué deben hacer con su cuerpo? La privación de la libertad de reproducción es degradante. Las mujeres ya están hartas de ser avasalladas. Sin embargo, todos estamos de acuerdo en que es justo que se prohiba el asesinato y que se imponga una pena a quien lo comete. Muy débil sería la defensa del asesino si alegara que se trataba de algo entre su víctima y él, y que eso no concernía a los poderes públicos. ¿No es deber del Estado impedir que se elimine un feto si ese acto constituye de hecho el asesinato de un ser humano? Se supone que una de las funciones del Estado es proteger al débil frente al fuerte.

Si no nos oponemos al aborto en alguna etapa del embarazo, ¿no existe el peligro de considerar a toda una categoría de seres humanos indigna de nuestra protección y respeto? ¿No es ésa una de las características del sexismo, el racismo, el nacionalismo y el fanatismo? ¿Acaso quienes se dedican a combatir tales injusticias no deberían evitar escrupulosamente que se cometa otra?

Hoy por hoy no existe el derecho a la vida en ninguna sociedad de la Tierra, ni ha existido en el pasado (con unas pocas excepciones, como los jainistas de la India): criamos animales de granja para su sacrificio, destruimos bosques, contaminamos ríos y lagos hasta que ningún pez puede vivir en ellos, matamos ciervos y alces por deporte, leopardos por su piel y ballenas para hacer abono, atrapamos delfines que se debaten faltos de aire en las grandes redes para atunes, matamos cachorros de foca a palos, y cada día provocamos la extinción de una especie. Todas esas bestias y plantas son seres vivos como nosotros. Lo que (supuestamente) está protegido no es la vida en sí, sino la vida humana.

Aun con esa protección, el homicidio ocasional es un hecho corriente en las ciudades y libramos guerras "convencionales" con un costo tan elevado que por lo general preferimos no pensar demasiado en ello. (Significativamente, suelen justificarse las matanzas en masa organizadas por los estados redefiniendo como subhumanos a nuestros adversarios de raza, nacionalidad, religión, e ideología). Esa protección, ese derecho a la vida, no reza para los 40.000 niños menores de 5 años que mueren cada día en el planeta por causa de inanición, deshidratación, enfermedades y negligencias que habrían podido evitarse.

La mayoría de quienes defienden el "derecho a la vida" no se refieren a cualquier tipo de vida, sino, especial y singularmente, a la vida humana. También ellos, como los partidarios de la elección, deben decidir qué distingue a un ser humano de otros animales y en qué momento de la gestación emergen esas cualidades específicamente humanas, sean cuales fueren.

Pese a las numerosas afirmaciones en contra, la vida no comienza en el momento de la concepción; es una cadena ininterrumpida que se remonta a los orígenes de la Tierra, hace 4.600 millones de años.

Tampoco la vida humana comienza en la concepción, sino que es una cadena ininterrumpida que se remonta a los orígenes de nuestra especie, hace cientos de miles de años. Más allá de toda duda, cada espermatozoide y cada óvulo humano están vivos. Es obvio que no son seres humanos, pero lo mismo podría decirse de un óvulo fecundado.

En algunos animales, un óvulo puede desarrollarse hasta convertirse en un adulto sano sin la contribución de un espermatozoide. No sucede así, por lo que sabemos, entre los seres humanos, Un espermatozoide y un óvulo no fecundado comprenden conjuntamente toda la donación genética de una persona. En ciertas circunstancias, tras la fecundación pueden llegar a convertirse en un bebé. Sin embargo, la mayoría de óvulos fecundados aborta de modo espontáneo. La conclusión del desarrollo no está garantizada. Ni el espermatozoide ni el óvulo aislados, como así tampoco el óvulo fecundado, pasan de ser un bebé o un adulto potenciales. ¿Por qué, pues, no se considera asesinato destruir un espermatozoide o un óvulo si uno y otro son tan humanos como el óvulo fecundado producido por su unión, y en cambio sí se considera asesinato destruir un óvulo fecundado, aunque sólo sea un bebé en potencia?

De una eyaculación humana media surgen centenares de millones de espermatozoides (agitando la cola y a una velocidad de 12 cm por hora). Un hombre joven y sano puede producir en una o dos semanas espermatozoides suficientes para doblar la población humana de la tierra. ¿Significa esto que la masturbación es un asesinato en masa? ¿Qué decir, entonces, de las poluciones nocturnas o del simple acto sexual? ¿Muere alguien cuando cada mes se expulsa el óvulo no fecundado? ¿Deberíamos llorar todos esos abortos espontáneos? Muchos animales inferiores pueden desarrollarse en laboratorio a partir de una sola célula corporal. Las células humanas pueden ser objeto de clonación. (La cepa más famosa quizá sea la He La, bautizada así por Helen Lane, su donante.) a la luz de tal tecnología, ¿sería un crimen en masa la destrucción de células potencialmente clonables? ¿Y el derramamiento de una gota de sangre?

Todos los espermatozoides y óvulos son mitades genéticas de seres humanos potenciales.

¿Es preciso hacer esfuerzos heroicos por salvar y preservar a todos y cada uno, en razón de ese "potencial"? Existe desde luego, una diferencia entre suprimir una vida y no salvarla. También es muy distinta la probabilidad de supervivencia de un espermatozoide de la de un óvulo fecundado. Sin embargo, el absurdo de un cuerpo de ínclitos conservadores de semen nos lleva a preguntarnos si es el simple "potencial" que tiene un óvulo fecundado de convertirse en un bebé convierte realmente su destrucción en un asesinato.

A los enemigos del aborto les preocupa que, una vez autorizado el inmediato a la concepción, ninguna argumentación lo impida en cualquier momento subsiguiente del embarazo. Temen que un día resulte admisible matar a un feto que sea, inequívocamente, un ser humano. Tanto los partidarios de la elección como los de la vida (al menos algunos) se ven empujados a posiciones tajantes por su temor compartido a esa pendiente resbaladiza.



Otra pendiente resbaladiza es aquella a la que llegan los antiabortistas dispuestos a hacer una excepción en el caso angustioso de un embarazo fruto de la violación del incesto.

Ahora bien, ¿por qué debería depender el derecho a la vida de circunstancias de la concepción?

¿Puede el Estado decidir la vida para la prole de una unión legítima y la muerte para la concebida por la fuerza o la coerción, cuando en ambos casos se trata de la vida de un niño? ¿Cómo puede ser esto justo? Por otra parte, ¿por qué no hacer extensiva a cualquier otro feto la excepción que se aplica a éstos?

A tal motivo se debe en parte el que algunos antiabortistas adopten la postura, considerada indignante por muchas otras personas, de oponerse al aborto en cualquier circunstancia (excepto, quizá, cuando corre peligro la vida de la madre).

En todo el mundo, la causa más frecuente de aborto es, con mucho, el control de la natalidad. ¿No deberían, entonces, los adversarios del aborto distribuir anticonceptivos y enseñar su uso a los escolares?

Ése sería un medio eficaz de reducir los abortos. Por el contrario, Estados Unidos se halla muy por detrás de otras naciones en el desarrollo de métodos seguros y eficaces de control de la natalidad y, en muchos casos, la oposición a tales investigaciones (y a la educación sexual) ha procedido de las mismas personas que se oponen al aborto.

La búsqueda de un criterio éticamente sólido y no ambiguo acerca de si el aborto es admisible en algún momento tienen profundas raíces históricas. Con frecuencia, y sobre todo en la tradición cristiana, esta búsqueda estuvo ligada a la cuestión del instante en que el alma penetra en el cuerpo, materia no demasiado susceptible de investigación científica y tema polémico incluso entre teólogos eruditos. Se ha afirmado que la infusión del alma tenía lugar en el semen antes de la concepción, durante ésta, en el momento en que la madre percibe por vez primera los movimientos del feto en su seno y el nacimiento mismo o incluso más tarde.

Cada religión tiene su doctrina.

Entre los cazadores-recolectores no suele haber prohibiciones contra el aborto, y también era corriente en la Grecia y la Roma antiguas.

Por el contrario, los asirios, más severos, empalaban en estacas a las mujeres que trataban de abortar. El Talmud judío enseña que el feto no es una persona y, en consecuencia, carece de derechos. Tanto en el antiguo Testamento como en el Nuevo, (que abundan en prohibiciones en extremo minuciosas, con respecto a la indumentaria, dieta y palabras) no aparece una sola mención que prohíba de modo específico el aborto. El único pasaje que menciona algo relevante en ese sentido (Éxodo 21:22) declara que si surge una pelea y una mujer resulta accidentalmente lesionada y aborta, el responsable debe pagar una multa.

Ni San Agustín ni Santo Tomás de Aquino consideraban homicidio el aborto en fase temprana (el último basándose en que el embrión no "parece" humano). Esta idea fue adoptada por la iglesia en el Concilio de Vienne (Francia) en 1312 y nunca ha sido repudiada. La primera recopilación de derecho canónico de la Iglesia Católica, vigente durante mucho tiempo (de acuerdo con el notable historiador de las enseñanzas eclesiásticas sobre el aborto, John Connery, S.J.) sostenía que el aborto era homicidio sólo después de que el feto estuviese ya "formado", aproximadamente hacia el final del primer trimestre.

Sin embargo, cuando en el siglo XVII se examinaron los espermatozoides a través de los primeros microscopios, parecían mostrar un ser humano plenamente formado.
Se resucitó así la vieja idea del homúnculo, según la cual cada espermatozoide era un minúsculo ser humano plenamente formado, dentro de cuyos testículos había otros innumerables homúnculos, y así ad infinitum.

En parte por obra de esta mala interpretación de datos científicos, el aborto, en cualquier momento y por cualquier razón, se convirtió en motivo de excomunión a partir de 1869. Para la mayoría de los católicos resulta sorprendente que la fecha no sea más remota.

Desde la época colonial hasta el siglo XIX, en Estados Unidos la mujer era libre de decidir hasta que "el feto se movía". Un aborto en el primer trimestre de embarazo, e incluso en el segundo, constituía, en el peor de los casos, una infracción. Rara vez se solicitaba una condena al respecto, y resultaba casi imposible de obtener, en parte porque dependía por entero del propio testimonio de la mujer acerca de si había sentido los movimientos del feto, y en parte por la repugnancia del jurado a declararla culpable por haber ejercido su derecho a elegir. Se sabe que en 1800 no existía en Estados Unidos una sola disposición concerniente al aborto. En la práctica totalidad de los periódicos (ya hasta en muchas publicaciones eclesiásticas) aparecían anuncios de productos abortivos, aunque el lenguaje empleado fuese convenientemente eufemístico.

Hacia 1900, en cambio, en todos los estados de la Unión, el aborto estaba vedado en cualquier momento del embarazo, excepto cuando fuese necesario para salvar la vida de la mujer. ¿Qué sucedió para que se produjera un cambio tan extraordinario? La religión tuvo poco que ver. Las drásticas transformaciones económicas y sociales que se producían en Estados Unidos estaban transformando la sociedad agraria en otra urbana e industrializada. Norteamérica estaba pasando de una de las tasas más altas de natalidad del mundo a una de las más bajas. Es innegable que el aborto desempeñó un papel en ello y estimuló fuerzas para su supresión.

Una de las más significativas fue la profesión médica. Hasta mediados del siglo XIX la medicina constituía una actividad sin reconocimiento oficial y sin supervisión.

Cualquiera podía colocar un cartel a la puerta de su casa y autotitularse médico. Con el auge de una nueva elite médica de formación universitaria, ansiosa de incrementar el rango y la influencia de los facultativos, se constituyó la asociación Médica Americana. Durante su primera década la AMA empezó a presionar para que el aborto sólo pudiera ser efectuado por quienes poseyesen título facultativo. Los nuevos conocimientos en embriología, afirmaban los médicos, habían revelado que el feto era humano incluso antes de que la madre sintiese su presencia.

El asalto de la profesión médica contra el aborto no se debió a una inquietud por la salud de la mujer, sino, según se decía, por el bienestar del feto. Había que ser médico para saber cuándo resultaba moralmente justificable un aborto, porque la cuestión dependía de hechos científicos y médicos que sólo los facultativos comprendían. Al mismo tiempo, las mujeres quedaban excluidas de las facultades de medicina, donde habrían podido adquirir conocimientos tan arcanos.

Tal como se desarrollaban las cosas, las mujeres nada tenían que decir acerca de la interrupción de sus propios embarazos. También correspondía a los médicos determinar si la gestación planteaba un riesgo para la mujer y quedaba enteramente a su discreción decidir qué era arriesgado y qué no lo era.

Para la mujer rica, podía tratarse de un peligro para su tranquilidad emocional o incluso para su estilo de vida. La mujer pobre se veía a menudo obligada a recurrir al aborto clandestino.

Así fue la ley hasta la década de los sesenta de este siglo, cuando una coalición de individuos y organizaciones, entre las que figuraba la AMA, trató de abolirla y restablecer los valores más tradicionales que se encarnarían en el caso Roe contra Wade.

Si uno mata deliberadamente a un ser humano, se dice que ha cometido un asesinato. Si el muerto es un chimpancé (nuestro más próximo pariente biológico, con el que compartimos el 99,6% de genes activos) cualquiera, entonces no es asesinato. Hasta la fecha, el asesinato se aplica sólo al hecho de matar seres humanos. Por eso resulta clave en el debate sobre el aborto la cuestión del momento en que surge la personalidad (o, si se prefiere, el alma). ¿Cuándo se hace humano el feto? ¿Cuándo emergen las cualidades distintivamente humanas?

Reconocemos que la fijación de un momento exacto tiene que pasar por alto las diferencias individuales. Por este motivo, si hay que trazar una línea, se debe proceder con cautela, es decir, pecar más por exceso que por defecto. Hay personas que se oponen al establecimiento de un límite numérico, y compartimos su inquietud, pero si tiene que existir una ley sobre esta materia, que represente un compromiso útil entre las dos posiciones extremas, hay que determinar, al menos aproximadamente, un período de transición hacia la personalidad.

Cada uno de nosotros partió de un punto. Un óvulo fecundado tiene aproximadamente el tamaño del punto que hay al final de esta frase. La unión trascendental de espermatozoide y óvulo suele tener lugar en una de las dos trompas de Falopio. Una célula se convierte en dos, dos se convierten en cuatro, etcétera (una aritmética exponencial de base 2). Hacia el décimo día el óvulo fecundado se ha trocado en una especie de esfera hueca que se encamina hacia otro reino, el útero. A su paso destruye tejidos, absorbe sangre de los vasos capilares, se baña en la sangre materna, de la que extrae oxígeno y nutrientes, y se fija como una especie de parásito a la pared del útero.

Hacia la tercera semana, para cuando se produce la primera falta, el embrión en formación tiene dos milímetros de longitud y desarrolla varias partes del cuerpo.

Sólo en esta etapa comienza a depender de una placenta rudimentaria. Recuerda algo a un gusano segmentado.

Hacia el final de la cuarta semana ya mide unos cinco milímetros.

Es reconocible ahora como vertebrado, su corazón en forma de tubo comienza a latir, se advierte algo parecido a los arcos branquiales de un pez o un anfibio, y una cola pronunciada. Parece más bien una lagartija acuática o un renacuajo. Este es el final del primer mes de gestación.

Hacia la quinta semana, cabe distinguir las grandes divisiones del cerebro. Se evidencia lo que más tarde serán los ojos y aparecen unos pequeños brotes que luego se transformarán en brazos y piernas.

Hacia la sexta semana el embrión mide 13 milímetros. Los ojos permanecen todavía a los lados de la cabeza, como en la mayor parte de los animales, y la cara reptiliana posee unas hendiduras unidas que más tarde darán lugar a la boca y la nariz.



Hacia el final de la séptima semana la cola casi ha desaparecido y se advierten ya caracteres sexuales (aunque ambos sexos parecen femeninos). La cara es de mamífero, pero un tanto porcina.

Hacia el final de la octava semana la cara semeja la de un primate, si bien aún no es del todo humana.

En sus elementos esenciales ya están presentes la mayoría de las partes del cuerpo. La anatomía del cerebro inferior está bien desarrollada. El feto revela respuestas reflejas a estímulos sutiles.

Hacia la décima semana la cara tiene ya un aspecto inconfundiblemente humano. Comienza a ser posible distinguir niños de niñas. Las uñas y las grandes estructuras óseas no resultan evidentes hasta el tercer mes.

Hacia el cuarto mes se puede diferenciar la cara de un feto de la de otro. En el quinto mes la madre suele sentir sus movimientos. Los bronquiolos pulmonares no empiezan a desarrollarse hasta aproximadamente el sexto mes y los alvéolos aún más tarde.

¿Cuándo accede, pues, un feto a la personalidad, habida cuenta de que sólo una persona puede ser asesinada? ¿Cuándo la cara se torna claramente humana, cerca del final del primer trimestre? ¿Cuándo reacciona ante estímulos, también al final del primer trimestre? ¿Cuándo se torna lo bastante activo para que la madre lo sienta, hacia la mitad del segundo trimestre? ¿Cuándo los pulmones alcanzan un grado de desarrollo suficiente para que el feto pueda respirar por sí mismo, llegado el caso, el aire exterior?

Lo malo de estos hitos del desarrollo no es sólo que sean arbitrarios: más inquietante resulta el hecho de que ninguno implica características exclusivamente humanas, al margen de la cuestión superficial de la apariencia facial. Todos los animales reaccionan ante los estímulos y se mueven a su antojo. Muchos son capaces de respirar. Sin embargo, eso no impide que los matemos por miles de millones. Los reflejos, el movimiento y la respiración no son lo que nos hace humanos.

Otros animales nos superan en velocidad, fuerza, resistencia, a la hora de trepar, excavar o camuflarse, en vista, olfato, oído, o en el dominio del aire o del agua. Nuestra única gran ventaja es el pensamiento. Somos capaces de reflexionar, de imaginar acontecimientos que todavía no han sucedido, de concebir cosas. Así fue como inventamos la agricultura y la civilización. El pensamiento es nuestra bendición y nuestra maldición, y nos hace ser lo que somos.

El pensamiento tiene lugar, desde luego, en el cerebro, sobre todo en las capas superiores de la "materia gris" replegada que llamamos corteza cerebral. Cerca de 100.000 millones de neuronas cerebrales constituyen la base material del pensamiento. Las neuronas están unidas entre sí y sus conexiones desempeñan un papel crucial en lo que llamamos pensamiento, pero la conexión a gran escala de las neuronas no empieza hasta el sexto mes de embarazo.

Mediante la colocación de electrodos inofensivos en la cabeza de un individuo, los científicos pueden medir la actividad eléctrica emanada de la red de neuronas cerebrales.

Diferentes tipos de acción mental revelan distintas clases de ondas cerebrales, pero las pautas regulares típicas del cerebro humano de un adulto no aparecen en el feto hasta cerca de la trigésima semana del embarazo, hacia el comienzo del tercer trimestre. Hasta entonces, los fetos, por vivos y activos que parezcan, carecen de la necesaria arquitectura cerebral. Todavía no pueden pensar.

Aceptar que se puede matar cualquier criatura viva, en especial una que más tarde tal vez se convierta en un bebé, es problemático y doloroso, pero hemos rechazado los extremos "siempre" y "nunca", y eso nos coloca, querámoslo o no, en la pendiente resbaladiza. Si tenemos que optar por un criterio de desarrollo, aquí es donde hay que trazar la raya: cuando se hace posible un mínimo asomo de pensamiento característicamente humano.

Se trata, en realidad, de una definición muy conservadora, rara vez se encuentran en un feto ondas cerebrales regulares. Serían útiles nuevas investigaciones (también comienzan tardíamente las ondas cerebrales bien definidas durante la gestación de fetos babuinos y ovejas). Si pretendemos que el criterio sea todavía más estricto para tomar en consideración el desarrollo cerebral precoz de algún feto, podemos trazar la raya a los seis meses. Ahí es en donde la trazó el Tribunal Supremo de Estados Unidos en 1973, aunque por razones completamente diferentes.

Su decisión en el caso Roe contra Wade modificó la legislación estadounidense sobre el aborto, que lo permite a petición de la mujer sin limitaciones durante el primer trimestre y, con ciertas restricciones encaminadas a proteger su salud, en el segundo trimestre y autoriza a los estados a prohibir el aborto en el tercer trimestre, excepto cuando exista una seria amenaza para la vida o la salud de la mujer. En la decisión de Webster de 1989, el Tribunal Supremo se negó explícitamente a revocar la sentencia del caso Roe contra Wade, pero de hecho invitó a las 50 legislaturas estatales a que decidiesen por su cuenta.

¿Cuál fue el razonamiento en el caso Roe contra Wade? No reconocía peso legal a lo que suceda con los niños una vez nacidos o con la familia. El tribunal determinó, en cambio, que el derecho de una mujer a la libertad de reproducción se halla protegido por la garantía constitucional de su intimidad. Ahora bien, ese derecho no es omnímodo. Hay que sopesar la garantía de intimidad de la mujer y el derecho a la vida del feto, y cuando el tribunal consideró la cuestión otorgó prioridad a la intimidad en el primer trimestre y a la vida en el tercero. La transición no se estableció según las consideraciones tratadas hasta ahora en este capítulo: cuándo sucede la "infusión del alma" o en qué momento reviste el feto suficientes rasgos humanos para ser protegido por la legislación contra el asesinato. El criterio adoptado fue, por el contrario, si el feto podía vivir fuera de la madre. Esto es lo que se denomina "viabilidad ", y depende en parte de la capacidad de respirar. Sencillamente, los pulmones no están desarrollados y el feto no puede respirar (por muy perfeccionado que fuese el pulmón artificial de que se le dotase) hasta cerca de la vigésimo cuarta semana, hacia el comienzo del sexto mes. Es por esto por lo que la legislación estadounidense permite a los estados prohibir los abortos en el tercer trimestre.

Se trata de un criterio muy pragmático.

Según la argumentación, si en una cierta etapa de la gestación pudiese ser viable el feto fuera del útero, entonces su derecho a la vida se impondría al derecho de la mujer a la intimidad. Ahora bien, ¿qué significa "viable"? Incluso un recién nacido a término no es viable sin cuidado y cariño considerables. Hace tan solo unas décadas, antes de las incubadoras, la viabilidad de los bebés nacidos en el séptimo mes era improbable. ¿Hubiera sido admisible entonces abortar en el séptimo mes?

¿Se tornaron de repente inmorales los abortos en el séptimo mes tras la invención de las incubadoras? ¿Qué sucederá si en el futuro se desarrolla una nueva tecnología que permita a un útero artificial mantener un feto vivo incluso antes del sexto mes, proporcionándole oxígeno y nutrientes a través de la sangre (como hace la madre a través de la placenta)? Reconocemos que es improbable que vaya a existir esa tecnología a corto plazo o que llegue a estar al alcance de gran número de personas, pero ¿sería entonces inmoral abortar antes del sexto mes cuando antes no lo era? Una moralidad que depende de la tecnología y cambia con ésta es una moralidad frágil y, para algunos, inaceptable.

Es más, ¿por qué han de ser la respiración, el funcionamiento de los riñones o la capacidad de resistir las enfermedades, por ejemplo, justificativos de la protección legal? ¿Sería admisible matar un feto que revelase pensamientos y sentimientos pero que no fuera capaz de respirar? A nuestro juicio, el argumento de la viabilidad no puede determinar de manera coherente cuándo son admisibles los abortos. Se requiere otro criterio. Una vez más, ofrecemos la consideración del primer atisbo de pensamiento humano.

Puesto que, por término medio, el pensamiento fetal comienza a manifestarse incluso después del desarrollo fetal de los pulmones, creemos que la sentencia del caso Roe contra Wade fue una decisión buena y prudente respecto de una cuestión compleja y difícil. Con la prohibición del aborto en el último trimestre (excepto en los casos de grave necesidad médica ) se alcanza un equilibrio justo entre las reivindicaciones enfrentadas de la libertad y de la vida.



"La cuestión del aborto: una búsqueda de respuestas"

Entre la "vida" y la "elección"
Parade, 22 de abril de 1990
Carl Sagan

(Encontrado en Argatea)

sábado, 14 de diciembre de 2013

Economía y pseudociencia: crítica a las falacias económicas imperantes

Recientemente el economista Jose Luis Ferreira ha escrito un libro, titulado Economía y pseudociencia: crítica a las falacias económicas imperantes. Para quien no lo conozca Ferreira es profesor titular de economía en la Universidad Carlos III de Madrid. Su faceta divulgadora la desarrolla principalmente en su blog Todo lo que sea verdad, y también en es colaborador activo del blog Mapping Ignorance. Leyendo sus posts se puede apreciar bien cuál es su postura, la defensa de una ciencia económica basada en el empirismo, en el análisis de datos, la realización de experimentos y simulaciones por ordenador. Debido a eso creo que lo puedo catalogar como el economista más científico que conozco, muy por encima en ese aspecto de otros que suelen rellenar columnas día sí día no en los periódicos españoles. 

Como se puede deducir del título del libro, este va sobre economía y ciencia. Mi postura en ese tema siempre ha sido que no tengo muy claro si la economía se puede considerar una ciencia. La capacidad de experimentación es limitada, igual que la capacidad de hacer predicciones que puedan ser luego contrastadas. Estas cuestiones las trata Ferreira en el primer capítulo de su libro, explicando que si bien la economía puede ser diferente de las demás ciencia dentro de ella sí se pueden identificar comportamientos más científicos y otros que van en contra de toda experiencia. Igualmente el carácter predictivo de la economía no es igual que el de la física, por ejemplo, pero eso no quiere indicar que no haya posibilidad ninguna de predecir ciertos eventos que ocurrirán si se toman ciertas medidas. 

Una vez terminada la introducción el libro pasa a desmontar distintas opiniones económicas que, según el autor, carecen de fundamento. Básicamente cada capítulo se centra en un aspecto de la economía y revisa de manera crítica afirmaciones e ideas que están bastante extendidas. Algunas de estas ideas son muy generales, pero otras vienen directamente de artículos y libros publicados por otros autores. Ahí los errores aparecen con nombre y apellidos, y no son pocos los que reciben su crítica. Gente popular en España como Niño Becerra, Vicenc Navarro o Alberto Garzón y gente internacional como Paul Krugman o Paul Grignon son algunos de los criticados. Lo más importante, en mi opinión, es que el autor nunca critica a la persona, sino la idea, y no la critica desde un punto de vista ideológico, sino con argumentos empíricos. 

Un ejemplo son las predicciones de Niño Becerra, y como no se han ido cumpliendo. Un dato curioso que yo no conocía es que este politólogo es aficionado a la astrología y presento una ponencia en un congreso astrológico sobre: Las grandes crisis socioeconómicas en la era de Piscis. En mi opinión esto debería se suficiente para no volver a tomar en serio a este hombre y sus predicciones en el futuro. Ferreira es más correcto y se limita a criticar sus afirmaciones y predicciones en economía.

Otro ejemplo se encuentra en el libro Hay alternativas [2], de Vicenç Navarro, Juan Torres López y Alberto Garzón. En ese libro se pronuncia repetidas veces el siguiente argumento: 

Cuando los ingresos salariales son bajos y las pequeñas y medianas empresas tienen dificultades porque no hay gasto suficiente, lo que ocurre es que aumenta el endeudamiento. Eso les viene muy bien a los bancos, porque su negocio es precisamente ofrecer créditos, y por eso piden siempre políticas de contención salarial. 

Esta afirmación es criticada en el libro no por afirmar que los bancos interfieran en las políticas económicas, sino por el método que sugiere. 

¿De dónde sale el que los bancos prefieran una ciudadanía pobre y endeudada, con alto riesgo de impago? Los bancos dan más crédito cuanto mayores sean los salarios y los beneficios de las empresas. ¿Por qué no se van los bancos a los países más pobres? ¿Por qué tienen más beneficios en los países más ricos? La realidad del negocio bancario hace extremadamente irreal esa teoría conspiratoria. Si la hay, será en otros términos.

Por supuesto yo no entro a valorar quién tiene razón, sobre todo ya que no he leído todavía el libro de Navarro-López-Garzón, pero es claro que la argumentación de Ferreira está basada en la experiencia, y no en verdades a priori o cuestiones ideológicas.

Todo el libro está empapado de esa idea, las opiniones económicas deben ser contrastadas y analizadas desde un punto de vista crítico y lo más científico posible. Como investigador no puedo más que apoyar ese punto de vista. Por supuesto, las cuestiones económicas tienen mucho de ideología, nadie lo duda, pero la ideología no puede movernos a ir en contra de la realidad. 

Además de la crítica a posturas pseudoeconómicas en los medios, el libro también analiza ciertas situaciones actuales. Ejemplos son el copago en medicina, la producción intelectual y las descargas o la Tasa Tobin. En todos los casos se defiende que las propuestas se deben defender en función de su eficiencia y de los objetivos a conseguir. 

Un ejemplo es lo que el autor denomina el "Monopolio Intelectual", es decir, la protección de los autores intelectuales mediante derechos de autor, pago por copia privada o legislación en contra de las descargas. Sobre ese debate se exponen dos posturas diferenciadas. 

El discurso a favor del monopolio intelectual suele tener la siguiente argumentación: 

«Si no se protege al autor mediante los derechos de autor, compensaciones por copia o por piratería— se corre el peligro de quitar los incentivos para la producción intelectual. Si la copia es libre, el autor perderá la remuneración por la venta y uso de su obra y se dedicará a otra actividad».

El discurso en contra dice algo así:

«El autor tiene otras fuentes de remuneración distintas y que tienen que ver con su condición de autor —como subsidios, trabajos remunerados o premios—. Además, las preferencias por el original y las ventajas de ser el primero en distribuir la obra permiten ya una remuneración. La copia ayuda a la difusión de la obra y a la celebridad del autor, que se beneficiará por ello». 

Después de analizar el tema el autor concluye: 

Consideremos ahora dos mundos alternativos que pueden suceder si la copia está permitida. 

– El mundo optimista. El nivel de creación sube un 30%, la difusión crece un 100% y la remuneración de los autores se mantiene.

– El mundo pesimista. El nivel de creación desciende un 70%, la difusión crece un 50% y la remuneración de los autores se reduce un 80%.

¿Es deseable permitir la copia? Creo que podemos concluir que sí en el mundo optimista, y que no en el pesimista. De nuevo la respuesta a la cuestión es empírica, y no apriorística. El saber si el número de títulos publicados varía o no con la introducción de nuevas leyes de derechos de autor será interesante, como también lo será el saber qué proporción de la remuneración a los autores llega por derechos de autor y qué parte llega por otras fuentes de ingreso como tocar en conciertos —muchos con subvenciones públicas— o tener una profesión en la que hacer valer la actividad creadora —desde profesor hasta conferenciante, columnista o tertuliano—, por poner solo un par de ejemplos.


Me parece un punto de vista interesante sobre un tema muy de actualidad. Continuamente se participan en debates donde se ven afirmaciones apriorísticas de este tipo. Que si no hay derechos de autor se producirá más o menos, que el software libre o privativo permite más o menos productividad y ahorro (véase mi opinión en Los Mantras del Software Libre), y muchos otros temas. Coincido con el autor en que serían deseables más argumentos, al menos en lo que a productividad se refiere. Por supuesto en este, y muchos otros temas, hay cuestiones éticas por discutir, pero cuando se habla de productividad se debería argumentar mejor. 

En definitiva es un libro completo y sencillo. No es un manual de economía, ni profundiza demasiado en cada tema. Quizás ese es su principal defecto, ya que yo hubiera preferido un análisis más profundo de algunos de los temas. En cualquier caso, para gente sin conocimientos de economía e interesados en la ciencia, como yo, es muy recomendable. 


[1]  Navarro, Vicenç et. al: Hay alternativas: propuestas para crear empleo y bienestar en España , Sequitur, Madrid, 2011.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Manifiesto Escéptico

Así veo yo mi escepticismo:

Yo no creo en Dios, ni en que haya vida después de la muerte, no creo en la reencarnación ni  en los Reyes Magos. No creo que la homeopatía cure más allá del efecto placebo, tampoco que mirando las estrellas se pueda saber si me va a tocar o no la lotería, o que se pueda conjurar la suerte (sea lo que sea eso) con un amuleto. De hecho, ni siquiera creo los seres humanos tengamos libre albedrío y seamos esencialmente diferentes al resto del universo. Todas estas cosas no las creo, pero no por que no quiera creer, simplemente la experiencia, mi educación y mi formación científica me han llevado a no creerlas.

A mí no me importaría creer que cuando muera iré a un sitio mejor, y que volveré a encontrarme con mis seres queridos. Simplemente, no lo creo posible. Igualmente si la homeopatía cura por mí genial, un remedio más al que acudir si me pongo enfermo. El problema es que me piden que lo crea sin darme ninguna prueba. En algunos casos es sencillo, ¿piensas que tu medicamento homeopático cura, digamos, la alergia? Dáselo a muchos alérgicos, estúdialos durante años, ten un grupo de control y en las estadísticas saldrá. Yo no tengo prisa, así que esperaré.

Por supuesto, yo estoy dispuesto a creer en todas estas cosas. En Dios, en la reencarnación, en la homeopatía, en el horóscopo. Además soy muy sencillo de convencer, sólo necesito pruebas. Es evidente que afirmaciones que vayan en contra de lo que sabemos hoy en día requerirán pruebas muy sólidas. Habrá que estudiarlas con cuidado, buscando algún fallo, habrá que repetir experimentos y testearlo todo bien. Lo bueno es que si algo es cierto lo seguirá siendo mañana, y la verdad aguantará todas las pruebas.

Sólo entiendan que la carga de la prueba recae sobre el que afirma, por lo que no tiene sentido que me pidan a mí pruebas de que no hay vida después de la muerte, cosa que es además imposible de probar per se.

Todo esto se puede resumir en la famosa frase de Carl Sagan: "Yo no quiero creer. Yo quiero saber". 

jueves, 28 de noviembre de 2013

¿¿La física cuántica demuestra que hay vida después de la muerte??

En nombre de la física cuántica se dicen muchas cosas y muchas de ellas son soberanas tonterías. Esto es más grave cuando esas tonterías vienen de gente con título que trata de vender teorías, especulaciones o ideas religiosas como ciencia. Un ejemplo es este artículo, de la web RT, que me enseñan por Facebook: La física cuántica demuestra que hay vida después de la muerte

Los que sean lectores asiduos, o me conozcan, sabrán que no soy una persona religiosa. Ya expresé mis opiniones sobre la relación entre el pensamiento científico y la religión en el post La ciencia y Dios. Por supuesto no me importaría vivir eternamente, o quizás sí, tendría que pensarlo. En cualquier caso no es una elección personal mía creer o no en la vida después de la muerte, simplemente no lo creo posible. Por otra parte, según esta noticia no solo es posible, sino que está demostrado y además, ¡lo demuestra mi propio campo de la ciencia! Voy a por champán para celebrarlo. 

Tristemente la realidad es otra. El artículo de RT no es más que la elevación de opiniones, sin fundamento, a la categoría de ciencia. El padre de este despropósito es el doctor Robert Lanza, de la universidad Wake Forest de Carolina del Norte. No es doctor en física (¡sorpresa!), sino en medicina, y sus sesudas conclusiones no han sido publicadas en ninguna revista científica con revisión por pares, con lo que no dejan de ser su opinión. Además, estas opiniones están basadas en medias verdades o, simplemente, falsedades de la física cuántica. 

Según el doctor Lanza los seres humanos "creemos en la muerte porque nos han enseñado a creer que morimos". Frase épica. Resulta que todas nuestras experiencias pasadas no son nada. Yo no viví la muerte de mis abuelos, me enseñaron a creérmela. Sin duda después de esta reflexión se hace difícil continuar la lectura, pero hagámoslo en pro de la divulgación. 

La teoría del doctor se denomina "biocentrismo" y se basa en que la percepción, y la vida, originan el universo y no a la inversa. Como ejemplo cita el experimento de la doble rendija (del que ya hablamos en la entrada sobre coherencia). Vuelvo a poner el maravilloso vídeo del Doctor Quantum que lo explica.





Es cierto que el experimento de la doble rendija muestra la relación entre el observador y el sistema observado. Sin embargo, esto no tiene nada que ver con la conciencia. Si yo preparo el experimento con un ordenador, o incluso con una máquina mucho más simple, y no dejo que nadie lo vea, el resultado será el mismo. Extender una cosa tan sencilla e ilustrativa como este experimento a cuestiones tan esotéricas como el biocentrismo es un acto de perversión intelectual.

Finalmente el argumento del doctor Lanza cambia, y se centra en el multiverso. Ahí vuelve a cometer errores garrafales. El primero es afirmar (no me queda claro si lo afirma él o el periodista, pero es la base de su argumentación) que "los físicos teóricos creen que hay una cantidad infinita de universos en los que diversas variaciones de personas y situaciones existen y ocurren simultáneamente". Terrible. Hay una interpretación de la física cuántica que se llama Interpretación de los Mundos Múltiples. Esta se basa en interpretar los distintos posibles resultados de la física cuántica, como los del vídeo, como resultados reales en distintos universos. Nosotros viviríamos en uno de esos universos, y en otro los experimentos darían resultados diferentes. Como ya he dicho antes, es una interpretación, no es que los físicos realmente creamos que es así. Este es error de concepto es tan común que lo incluí como uno de los puntos de mi Decálogo contra el esoterismo cuántico.

A partir de ese error se erige el biocentrismo. Según el artículo de RT, "Lanza afirma que todo lo que puede suceder sucede en algún momento en todos estos 'multiversos', lo que significa que la muerte no puede existir 'en un sentido real'". Lo que antes era una exageración de una cuestión científica ahora ya es un salto al vacío, sin paracaídas y de cabeza. Nadie puede afirmar que si existieran muchos mundos en ellos se darían todas las combinaciones posibles, o que todo lo que puede suceder sucedería. Estos otros universos, de existir, tendrían leyes físicas como tiene el nuestro, así que lo que ocurriera o dejara de ocurrir dependería de ellas. ¿Quién ha dicho nunca que haya otro universo donde podamos vivir eternamente? Lanza, y sólo él, y sin fundamento ninguno.

Lo siento por quien quisiera encontrar en este artículo alguna respuesta, porque no la hay. Sólo hay especulaciones y esoterismo recubiertos con palabrería científica. Lo siento también por quien lea esa web, RT, buscando información científica de calidad. Mi consejo es sencillo, no la leáis.




martes, 30 de abril de 2013

Precarios por el mundo

La Federación de Jóvenes Investigadores ha montado este maravilloso vídeo con la participación de un servidor.




Precarios por el mundo from FJI Precarios on Vimeo.

domingo, 7 de abril de 2013

Decálogo en contra del esoterismo cuántico

1. La medicina cuántica no tiene base científica ninguna.

El truco más usado por sus defensores es argumentar siempre mezclando conceptos sin sentido de modo que sea difícil explicar todas las falacias al respecto, simplemente porque no tiene sentido en absoluto. Por supuesto, no faltan "facultades" que enseñan esta pseudodisciplina, pero eso no le da validez. Todos los principios en los que se suponen que se basan son falsos. 

Referencias: Este blog o Cuentos Cuánticos


2. La física cuántica no apoya la teoría de la memoria del agua, como defienden algunos homeópatas de Boiron. En concreto la física molecular, que es la que estudia la molécula de agua y  que está basada en la física cuántica, no explica ningún mecanismo por el que el agua pueda tener memoria. Por otro lado, los experimentos de Emoto o Benveniste, los más usados para apoyar teorías esotéricas sobre el agua,  han sido falsados en múltiples ocasiones. 

Referencias: Magonia,  este blog.


3. La física cuántica no habla de dimensiones extra, ni dice que haya múltiples universos. 

Las dimensiones extra no entran en contradicción con la física cuántica, pero vienen de otras teorías aún no aceptadas como la Teoría de Cuerdas. Por otra parte hay una interpretación de la física cuántica, ojo es una interpretación, que trata del tema. Esta interpretación, según una reciente encuesta, sólo es aceptada por un 18% de los especialistas. 



4. No hay efectos no-triviales cuánticos en el cerebro que se sepa. 

Es evidente que si el cerebro está compuesto por átomos, que forman moléculas, estos se describen mediante la física cuántica. Por efectos no triviales nos referimos a propiedades puramente cuánticas, como la coherencia o el entrelazamiento, que puedan tener un efecto medible en el funcionamiento final del cerebro. Efectos como esos se están estudiando en otros sistemas biológicos, pero por el momento no se han encontrado indicadores de que se puedan encontrar en el funcionamiento del cerebro. Mucha menos evidencia se ha encontrado que justifique que es la física cuántica en sí la que explica la conciencia. 



5. La física cuántica no dice que todo está conectado. 

La física cuántica dice que dos sistemas distantes pueden estar conectados de una manera más fuerte que dice la física clásica, al formar un sistema global. Eso es el entrelazamiento. Punto. Sobre eso hay que matizar dos cosas. Primero, eso no quiere decir que lo que se haga en un sistema pueda afectar de manera medible al otro sistema, sólo lo afecta estadísticamente. Segundo, es importante el término "pueden estar conectados". No todo está conectado, sólo puede estarlo. De hecho esta propiedad es muy frágil, y desaparece rápidamente en sistemas no aislados. Por supuesto, usar esto como justificación de cuestiones esotéricas como la telepatía o la astrología no tiene base ninguna.  

Referencias: Este blog (entrelazamiento)


6. La física cuántica, tal y como está actualmente formulada, preserva la causalidad. 

Es decir, no abre puertas al envío de información al pasado ni nada por el estilo. Esto fue recientemente usado para intentar, digámoslo suavemente, atraer dinero a una supuesta investigación que prometía cambiar la suerte de la gente, Cronoaltera. No tiene base ninguna. También han salido recientemente noticias diciendo que científicos (de mi actual instituto) habían mandado información al pasado. Todo incorrecto, por el momento la causalidad sigue siendo un pilar fundamental de la ciencia. 



7. El teletransporte cuántico no tiene nada que ver con el teletransporte de Star Trek, y no es instantáneo. 

Se trata de eliminar un estado en un sitio y crear otro igual en otro sitio. Con esto se entiende que es eliminar una información, y luego crearla en otro sitio, como el que borra su disco duro y luego crea la misma información en un pendrive. No es instantáneo, porque necesita un canal de información clásico, que tiene todas las restricciones de siempre. Este es un ejemplo muy bueno del problema de poner a las cuestiones científicas nombres demasiado fashion

Referencia: Este blog


8. La física cuántica no dice que vivamos en un holograma, ni que todo lo que veamos es una ilusión.

El principio holográfico es una conjetura, no demostrada, que viene de la Teoría de Cuerdas. Por el momento es pura especulación. Eso no significa que no sea interesante, los hechos de hoy en día fueron especulaciones en el pasado, pero mientras pertenezca al mundo especulativo no lo aceptéis como justificación de nada, sobre todo de nada vendible. 

Referencia: Wikipedia


9. La física cuántica no dice que la conciencia pueda afectar al mundo exterior. 

Esta falacia es muy usada por los defensores del "Pensamiento Positivo", según algunos el mero hecho de pensar en algo puede ya cambiarlo. Es falso. La física cuántica afirma que el resultado de ciertos experimentos, no todos, depende de cómo se midan las cosas. Es un principio básico que distingue la física cuántica de la clásica, al poner de manifiesto la importancia del observador. Esto todavía es tema de debate, al ser difícil de explicar como la observación colapsa el estado, y se denomina como "el problema de la medida". Aunque el tema en sí sigue siendo de actualidad, casi ningún científico defiende que sea la conciencia del científico que realiza el experimento la que afecte el resultado, sino el aparato de medida en sí. Muchos ni siquiera consideran esto un problema en sí. 

En lo que sí hay consenso es en que el aparato de medida puede afectar en cuanto a si mides un fotón con una polarización determinada, pero no puede afectar en si vas a obtener un trabajo o no, a no ser que el requisito para obtenerlo sea que midas un fotón con polarización horizontal. 



10. La física cuántica no dice que todo es posible, o que no podemos predecir nada. 

Esto también se escucha mucho, (por Punset entre otros). La física cuántica sí dice que hay cierta información que no podemos obtener, que como mucho podemos predecir la estadística de los resultados de ciertos experimentos. Eso tiene dos matices importantes. Primero, no afecta a todos los experimentos. Hay muchos en los que la física cuántica nos permite saber con certeza cosas que incluso la física clásica no nos permite, como en el experimento de las bombas de Elitzur-Vaidman. Segundo, la física cuántica sí que nos da las probabilidades de los distintos resultados, esto puede parecer poca cosa, pero es muy relevante. Como la mayoría de los fenómenos de nuestra vida son macroscópicos, es decir involucran muchísimos pequeños sistemas cuánticos, la estadística se cumple siempre. Por este motivo surge la física clásica, determinista, donde sí que podemos predecir qué va a pasar en la mayoría de las ocasiones. 

miércoles, 3 de abril de 2013

El pensamiento positivo



En menéame he visto este vídeo sobre una filosofía muy extendida ahora como es la del "pensamiento positivo". No estoy muy puesto en filosofías new age, ni tengo demasiado interés en estarlo, pero hay que estar muy fuera del mundo para no ver continuamente cursos de coaching y cosas similares. También durante mi postadolescencia tuve la desgracia de leer un par de libros de Paulo Coelho y uno de Jorge Bucay, representaron sin duda la mayor pérdida de tiempo de mi vida, peor que tragarse todos los capítulos de Las Supernenas tres veces (que también lo hice, pero me reí un montón).  

Como ya he dicho antes, he visto un vídeo bastante interesante sobre este tema. 




Como no, no falta la mención a la física cuántica. Mi pobre campo se ha convertido en la justificación de todo tipo de falsantes, vendehumos y homeópatas. No voy a entrar a criticar cuestiones que no conozco, como el tal coaching, pero basándome en lo que se dice en el vídeo sí hay ciertas cosas que podemos discutir. 

1. Si bien está claro que una determinada actitud, o pensamiento, nos puede afectar a nuestra manera de ser, y por tanto a nuestra interacción con los demás, tampoco hay que dramatizar. Está claro que hay mucho fuera que escapa a nuestro control, entre otras cosas la actitud de los demás. Un caso más extremo son los fenómenos naturales. Si es cierto lo que dice el vídeo sobre la autora del libro "El Secreto", que afirmó que un tsunami fue provocado por el pensamiento negativo que lo sufrieron, esa mujer vive muy lejos de la realidad y tiene unos principios morales a la altura del betún. 

2. El mensaje de "si lo deseas puedes conseguir cualquier cosa" es, además de falso, peligroso. Primero es falso porque es una frase sin mucho sentido, por mucho que yo me lo proponga no podré escalar el Everest sin oxígeno, con mi asma seguro que me muero a los 7000 metros, pero puedo subir otras montañas más bajas y soy feliz haciéndolo. Por otro lado es simple demostrar que es una premisa falsa. Si mucha gente quiere estudiar medicina, o ganar un premio Nobel, o ser medalla olímpica, todos no podrán conseguirlo, porque es algo competitivo. Si todos los participantes de una carrera quieren ganar, no lo pueden conseguir todos, es de cajón. Da igual si todos aplican el pensamiento positivo, unos lo conseguirán y otros no. Intentar convencer a la gente de que puede conseguir cualquier cosa sólo con desearlo es vender falsas esperanzas. 

3. La física cuántica no tiene nada que ver con esto. Es evidente que esto ya me toca en lo personal, pero alguna gente tiende a creerse ahora cualquier cosa siempre que le digan que tiene que ver con la física cuántica. En resumen, la física cuántica sólo dice que los resultados de ciertos experimentos dependen de si mides una cosa u otra, punto. De ahí cierta gente ha extrapolado a decir que es nuestra conciencia lo que hace que el mundo sea de una forma u otra, y que con sólo pensar en algo ya puedes afectar la realidad externa. Eso es una idiotez sin base científica ninguna, repito, ninguna. 

4. Transmite un sentido de la responsabilidad excesivo. Me parece curioso, porque siempre he pensado que mucha gente tiende a aceptar muy poca responsabilidad. Un ejemplo es cuando uno estudia una carrera sabiendo que tiene un índice de paro muy alto y luego se queja del estado por no encontrar trabajo relacionado con esa carrera. Sin embargo, pasar de eso a decir que si te despiden siempre es culpa tuya por no tener suficiente "actitud positiva" es ir demasiado lejos. Es obvio que puede ser, al menos en parte, responsabilidad del despedido, pero si hay un ERE y echan a media plantilla a la calle, no te sientas culpable. Mucho peor es decir que si no encuentras trabajo es porque eres demasiado negativo, quien diga eso no conoce la situación española ni de lejos. Esto, como dice el vídeo, es peligroso ya que nos transmite la responsabilidad de todo lo que nos pasa. Un ejemplo es como en España ahora se está haciendo tanta publicidad sobre los emprendedores, transmitiendo que si alguien no tiene trabajo es porque no tiene iniciativa, cuando en España emprender es llorar (sobre eso recientemente leí el maravilloso artículo: La gente está hasta las narices de oír hablar de los emprendedores... y con razón). 


En resumen, cada uno tiene su manera de vivir la vida y de ser feliz. 

Como científico, os puedo asegurar que el pensamiento positivo, o negativo, no provoca tsunamis, ni cura el cáncer (aunque está claro que una buena actitud es muy importante para recuperarse de cualquier enfermedad), ni vuestro pensamiento en sí afecta a nada ajeno a vosotros mismos. Por supuesto, la física cuántica no dice nada que se le asemeje, así que no os dejéis engañar. 

Como persona, cada uno tiene su filosofía. La mía es que uno tiene que aceptar las cosas como vienen y luego adaptarse para hacerlas lo mejor posible. No creo que sea cierto que se puede conseguir cualquier cosa que uno se proponga, pero sí es cierto que cuando te propones algo siempre hay bastante gente intentando convencerte de que no lo vas a conseguir, no me preguntéis por qué. Como dice el vídeo una buena postura es el Realismo, intentemos ver las cosas como son, y actuar para transformarlas dentro de nuestras posibilidades. Sobre todo, no tengamos miedo del fracaso, si intentas distintas cosas unas te saldrán, y otras no, lo importante es que seas feliz con las que consigues. 

Be realistic, my friend!

Foto dedicada a los cuanticoesotéricos.

PS: Sobre el tal coaching agradezco si alguien me explica mejor de que se trata. ¿Son simplemente cursos en los que te enseñan a triunfar, algo así como la pirámide del éxito de la película Little Miss Sunshine? Si es así, los que dan esos cursos, ¿son gente que previamente a triunfado en algo o sólo han hecho otro curso al respecto? Si es lo segundo da mucho que pensar. 

lunes, 28 de enero de 2013

Técnicas Montecarlo, la estadística empírica

La estadística es una rama de las matemáticas, evidentemente, que están consideradas como las ciencias puras o exactas, en contraposición de las ciencias empíricas. También es una de las materias que más suele costar comprender, sobre todo en la educación secundaria. ¿Pero realmente está clara esa diferencia entre ciencias puras y ciencias empíricas? Las ciencias empíricas, como la física, basan su conocimiento en los experimentos, si una teoría parece lógica pero no se ve refrendada experimentalmente toca buscarse otra. ¿Y en las matemáticas y la estadística? ¿No se pueden hacer experimentos? 

A día de hoy sí que se puede, y esto viene muy bien a la hora de comprender los conceptos, especialmente en las ramas de estadística y probabilidad. La diferencia es que al ser la matemática una ciencia exacta, siempre se cumple lo que predice, pero igualmente estos experimentos son útiles, porque nos permiten calcular cosas que no sabríamos de otra manera. Vamos a verlo primero con un ejemplo muy típico. 

miércoles, 16 de enero de 2013

Open Access


He aquí un vídeo de PhD Comics, explicando cómo funciona el Open Access.