Ya podéis leer mi artículo, ganador del premio DIPC-Jot Down de divulgación. Os dejo el principio para ir abriendo boca.
Hay afirmaciones que no sólo son ciertas, sino que además son poderosas. Una de mis favoritas es sin duda: «Correlación no implica causalidad». En el mundo de los debates públicos, de las peleas en Twitter y los flames en Menéame siempre es útil contar con herramientas como esta. La frase en sí viene a significar que el hecho de que dos eventos se den habitualmente de manera consecutiva no implica que uno sea causa del otro. Así cuando llueve es más probable que truene, pero no es la lluvia la que causa los truenos.
El artículo entero lo podéis leer en la webs de Jot Down y NextDoor.
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martes, 5 de julio de 2016
martes, 28 de abril de 2015
Los vídeos "científicos" de Daniela Bos
Gracias a Twitter he encontrado una youtuber mejinaca, Daniela Bos (@SoyDanielaBos), que hace vídeos sobre ciencia con un toque de humor. Sin intentar ser científicamentes exhaustivos no están nada mal.
El primero que descubrí era sobre termodinámica, titulado "Termodinámica para mujeres".
viernes, 26 de septiembre de 2014
Naukas 2014 en directo
El evento de divulgación Naukas 2014 acaba de comenzar. Si no estáis allí podéis hacer como yo y ver las charlas por streaming. El programa es excepcional, como suele ser, con divulgadores de la talla de Francis, César Tomé, Jose Manuel López Nicolás, Laura Morrón o Clara Grima.
Disfrutadlo, y aprended.
jueves, 3 de mayo de 2012
La belleza de la ciencia. Vídeo de Richard Feynman.
Os dejo este vídeo que recoge la opinión de uno de los grandes físicos del siglo XX, Richard Feynmann, que me ha gustado mucho. Se le pueden poner subtítulos en español.
viernes, 27 de abril de 2012
¿Es peligrosa la comida tratada con radiación?
Traducción libre del artículo de Physics Today Radiation meets food. La licencia pertenece a la revista Physics Today y no se aplica la licencia general del blog.
La radiación se encuentra con la comida
James S. Dickson
No es un secreto que cierta gente está preocupada por la comida irradiada. Sin embargo los niveles de radiación que afectan a los patógenos no han demostrado efectos perjudiciales en seres humanos.
Introducción
El propósito de irradiar la comida es simple, mejorar la calidad. Someter la comida a radiación ionizante puede eliminar patógenos perjudiciales y mejorar la apariencia. La esencia de este proceso consiste en que la radiación rompe el ADN cromosómico de una célula; si esta no es capaz de reparar el daño, muere.
La comida se puede exponer a fotones de alta energía -rayos gamma o X- o electrones de alta energía. Isótopos radiactivos, tales como el cobalto-60 y el cesio-137 producen rayos gamma con la energía apropiada, sin embargo se necesitan aceleradores para generar los haces de electrones o los rayos X necesarios para la irradiación de la comida. Los electrones provienen de dispositivos tales como generadores Van de Graaff y aceleradores lineales; los rayos X se generan cuando los electrones generados por un acelerador lineal colisionan con un blanco de metal. En principio, electrones de alta energía, rayos gamma y X pueden producir reacciones nucleares que den como resultado nuevos elementos radiactivos. Por otra parte, las energías aprobadas por las autoridades norteamericanas de control de la comida son demasiado bajas para inducir radiactividad.
Dosis diferentes para propósitos diferentes.
Evidentemente el efecto de la radiación en la comida está relacionado con la cantidad de energía absorvida. Esta cantidad se mide en Grays (Gy), nombre creado en honor al físico Louis Harold Gray, siendo 1 Gy una cantidad absorvida de 1 julio por kilogramo de material. Dosis menores de 1kGy (1000 Gy) previenen la putrefacción de las patatas y prolongan la vida comestible de la fruta. Estas dosis también desinfectan la comida al matar insectos en semillas y frutas e inactivando parásitos en la carne -concretamente, pueden afectar al gusano responsable de la trichinosis.
Dosis algo mayores de 1-5 kGy sirven para pasteurizar la comida- esto es, para matar muchos de los microorganismos que viven en ella. La pasteurización por radiación, o "radirización", reduce significantemente o elimina bacterias importantes para la salud pública. Salmonella, la bacteria más común en cuanto a intoxicación alimentaria, Listeria monocytogenes, y la muy peligrosa Escherichia coli son especialmente sensibles a la radiación. De hecho, para la aprobación de la irradiación, la FDA (agencia estadounidense de control de la comida) valoró la sensibilidad de la salmonella a la radiación y el hecho de que una pequeña dosis podría controlarla. La mayoría de los estudios sobre irradiación de la comida se han centrado en las dosis que se usan habitualmente.
Los organismos responsables del deterioro de la comida no son tan sensibles a la radiación, por lo que la comida irradiada sigue necesitando refrigeración. Sin embargo, dosis superiores a los 25 kGY realmente esterilizarán la comida. Los astronautas en misiones espaciales usan este tipo de comida irradiada. En la Tierra esta comida se puede almacenar a temperatura ambiente.
Una propiedad especialmente buena de la técnica de irradiación es que genera poco calor. La carne fresca todavía parece fresca después de la irradiación y las verduras parecen y saben igual. Por otra parte, la radiación puede penetrar el embalaje del material. La comida puede enlatarse primero, irradiarla después y reducir así el riesgo de una contaminación durante el embalado. La comida irradiada no necesita ciertos aditivos que, de otro modo, se tendrían que incluir para inhibir el crecimiento bacteriano. También tratar con radiación las frutas y vegetales importados evita la necesidad de fumigarlos con componentes tóxicos.
La preocupación de los consumidores
Actualmente, la gente se preocupa más por lo que come que en cualquier otro momento de la historia. La reacción de los consumidores a la comida irradiada va desde la curiosidad a la preocupación por un proceso que no comprenden por completo hasta el rechazo absoluto de esta tecnología. La preocupación por la irradiación se divide en dos grandes categorías: seguridad de la radiación y calidad de la comida.
Para muchos los términos "radiación" y "radiactividad" tienen connotaciones negativas. Incluso considerando que los niveles de radiación aprobados por la FDA no pueden hacer la comida radiactiva, ciertas personas aún se preocupan por la radiación inducida. Los científicos deben hacer mejor su trabajo de comunicar estos hechos al público y acabar con este miedo.
Algunas personas se preocupan por lo que pueda ocurrir mientras los isótopos radiactivos se transportan de un lugar a otro. La preocupación es razonable, dado que un accidente en el transporte puede contaminar el entorno. La sección de transporte de la industria nuclear, por otra parte, tiene un excelente récord de seguridad y es consciente de esta preocupación. Los contenedores usados para este transporte han sido diseñados teniendo en cuenta los peores accidentes posibles; de acuerdo con el Departamento de Energía de EEUU si un camión de transporte chocara contra un muro a una velocidad de 135 km/h los contenedores no se verían comprometidos. De hecho, material radiactivo se transporte habitualmente con fines médicos.
Tal vez la preocupación principal está relacionada con la calidad de la comida después de la irradiación. Algunos consumidores piensan que la irradiación tal vez se use para "salvar" comida en mal estado, otros piensan que la comida irradiada tiene menos nutrientes y otros se preocupan por los componentes generados en la comida durante el proceso de irradiación.
Debido que la irradiación reduce el número de bacterias en la comida aumenta el tiempo de uso. Como ya se ha dicho antes, los organismos responsables del deterioro de la comida no son tan sensibles a la radiación como lo son bacterias más letales como la Salmonella. En cualquier caso, el deterioro proviene de los productos de las bacterias, no solamente de la presencia de estas; la radirización, como la convencional pasteurización no elimina estos productos. Si la irradiación se usa en un intento de salvar leche en mal estado, por ejemplo, no engañará al consumidor; la leche seguirá sabiendo y oliendo mal.
Las preocupaciones de los consumidores acerca de la pérdida de nutrientes son razonables. La irradiación reduce las vitaminas, especialmente las vitaminas del grupo B. La thiamina es especialmente sensible, y hasta la mitad de la cantidad de esta vitamina puede destruirse en el proceso de irradiación. La pérdida de vitaminas, por otro lado, ocurre en muchos de los procesos de la comida, incluyendo el cocinado. El tema importante es si la pérdida por irradiación es similar a la pérdida por el cocinado u otros procesos de conservación y, en particular, si puede derivar en deficiencias en la dieta. La comida cocinada e irradiada tendrá algo menos de vitaminas que la comida cocinada sin irradiar. Para la carne, la pérdida de vitaminas es una consecuencia relativamente baja. Para las verduras la pérdida es mayor. Sin embargo, la FDA considera el cambio nutricional en su evaluación de los procesos de irradiación. La agencia no aprueba el uso de irradiación si esto implica una pérdida considerable del valor nutricional. Por ejemplo, en las dosis aprobadas para la irradiación de frutas y verduras -por debajo de 1kGy- más del 90% de las vitaminas siguen después del proceso.
Libertad de elección
La preocupación principal del consumidor concerniente a cualquier nuevo proceso de los alimentos es la seguridad de la comida procesada. Sin duda alguna, aplicar radiación a la comida rompe enlaces moleculares y genera así productos radiolíticos. También es cierto que otros procesos comunes, como la pasteurización o el cocinado también producen cambios químicos. Desde hace 30 años, científicos de los alimentos han tratado de determinar si la irradiación produce elementos que no se producen mediante otro proceso común (y dicho sea de paso, estos raramente se testan). Después de 3 décadas no se ha encontrado ninguno, pero esto no permite afirmar que no existan.
Durante años, científicos de los alimentos en EEUU y otros países han realizado numerosos estudios toxicológicos. En 1980 un comité conjunto de la Organización de las Naciones Unidas para la Comida y la Agricultura, la Agencia Internacional de la Energía Atómica y la Organización Mundial de la Salud se dedicó a revisar todos los estudios sobre la comida irradiada. El informe final concluye que "la irradiación de cualquier producto alimentario hasta una dosis media de 10 kGy no presenta riesgo toxicológico; por lo tanto, no se requerirán tests toxicológicos de la comida tratada así." Las conclusiones de este informe siguen siendo revisadas por la comunidad científica.
A pesar de esto, un incidente en Australia en 2008 que implicaba comida para gatos irradiada captó la atención pública. Como parte de los requerimientos australianos de importación, la comida fue irradiada con una dosis de al menos 50kGy. Algunos gatos que comieron la comida irradiada sufrieron parálisis, y más de una docena murió. La causa de la muerte nunca se identificó, pero los fabricantes de la comida para gatos culparon de la enfermedad de los gatos al proceso de irradiación. Sin embargo, toda la comida de gatos importada en Australia es irradiada o calentada, y la enfermedad sólo apareció en gatos que comieron una determinada partida de una determinada marca. No hubo ninguna enfermedad en gatos que comieron otro tipo de comida irradiada, ni siquiera en gatos que comieron el mismo tipo de comida irradiada anteriormente. El consenso general en la comunidad científica es que no fue el proceso de irradiación, sino un problema específico de ese lote de comida.
La evidencia científica hasta el momento afirma que la irradiación no produce ninguna toxicidad en la comida. Aún así, los consumidores tienen el derecho de estar informados de sus opciones. En un deseable futuro los consumidores deben mantener su derecho a seleccionar comida no irradiada; de hecho, actualmente es la carne irradiada la que es difícil de encontrar. En cualquier caso los compradores pueden realmente distinguir entre comida irradiada y no irradiada en el supermercado: LA comida que ha sido irradiada debe, según la ley norteamericana, mostrar el símbolo internacional Radura, acompañado por las palabras "tratado con radiación" o "tratado con radiación ionizante".
Bibliografía adicional
J. H. Skala, E.L. McGown, P.P. Waring, "Wholesomeness of irradiated foods," J. Food. Prot. 50 (1987).
D.R. Murray, Biology of Food Irradiation, Wiley Hoboken, NJ (1990), chap 4.
R.W. Lacey, Hard to Swallow: A brief History of Food, Cambridge U. Press, New York (1994), chap 7.
J. S. Smith, S. Pillai, "Irradiation and food safety", Food. Technol. 58(11), 48 (2004).
B. Marler, "Pros and cons of commercial irradiation of fresh iceberg lettuce and fresh spinach: A literature review". http://www.marlerblog.com/lawyer-oped/pros-and-cons-of-commercial-irradiation-of-fresh-iceberg-lettuce-and-fresh-spinach-a-literature-revi-4/
miércoles, 22 de junio de 2011
Computación Cuántica (Teoría y algoritmos)
Como no podría ser de otra manera en un blog de un físico cuántico tenemos que hablar del tema estrella (o uno de ellos) de este campo. La cuestión es en principio sencilla, ya hemos hablado anteriormente sobre los efectos tan raros que se producen en el mundo cuántico (véase la coherencia y el entanglement), ahora la pregunta es natural ¿para qué sirve todo esto?
Una de las aplicaciones más investigadas actualmente es sin duda la computación cuántica. Básicamente se trata en usar las propiedades cuánticas, como las dos citadas antes, para fabricar ordenadores que puedan hacer operaciones que los ordenadores actuales no puedan. Pero mejor vayamos paso por paso.
¿Cuál es el problema original?
La idea de construir un ordenador cuántico es bastante anterior a que se descubriera su potencial matemático. Viene de un problema con el que los físicos cuánticos nos encontramos a diario: La dificultad de estudiar sistemas cuánticos en un ordenador. Vamos a ver de donde proviene esta dificultad.
Imaginad que tenéis un sistema clásico normal, compuesto por un montón de monedas que pueden estar en "cara" o "cruz". Imaginaos que tenéis por ejemplo, un millón de monedas. Si queréis especificar en que estado se encuentra el sistema ¿qué necesitáis? La respuesta es sencilla, un millón de números "0" ó "1". Si en vez de tener monedas que sólo tienen dos posibilidades, tenéis algo más complejo, por ejemplo un millón de canicas, que tienen su posición y su velocidad cada una de ellas, ¿qué necesitáis? Pues también es simple, necesitáis un millón de números reales para la velocidad y otro millón para la posición.
Básicamente hay que quedarse con esto: En sistemas clásicos necesitas tantos datos como partículas tiene el sistema.
Esto es una limitación, no cabe duda, pero gracias a los ordenadores de hoy en día podemos hacer cuentas con decenas de miles de partículas. ¿Qué ocurre entonces en el caso cuántico?
En un problema de física cuántica la cosa es bastante más complicada. Como ya expliqué en el post sobre la coherencia las monedas cuánticas pueden estar en sus dos estados $\left|cara\right>$ y $\left|cruz\right>$ al mismo tiempo. Esto significa que para dar el estado de una "moneda cuántica" tendré que dar que parte está en cara y cual en cruz, lo que son dos números. ¿Es esto un problema? os preguntaréis sin duda, pues para una moneda no, en absoluto, el problema es cuando vamos incrementando la cosa. Si tenemos dos monedas ahora tenemos 4 posibilidades $\left|cara-cara\right>$, $\left|cara-cruz\right>$, $\left|cruz-cara\right>$ y $\left|cruz-cruz\right>$, hala 4 números que hay que guardar. ¿Y si seguimos aumentando? Si seguimos así veremos muy pronto que para $N$ monedas necesitamos $2^N$ números. Esto puede parecer poco, pero es una barbaridad en cuanto N aumenta un poco. Para muestra un botón, si tenemos 20 partículas tendremos que almacenar algo más de un millón de números y para 30 partículas más de un billón.
La conclusión es simple: En sistemas cuánticos necesitas $2^N$ datos, donde N es el número de partículas que tiene el sistema.
Imagino que empatizaréis ahora con los pobres físicos cuánticos. Nuestros compañeros "clásicos" hacen sus simulaciones de sistemas con un millón de partículas y nosotros rara vez pasamos de 20 (en mi actual trabajo estamos con 10). Tened en cuenta, por ejemplo, que un átomo de Calcio ya tiene 20 electrones, y uno de Uranio 92, eso ya se escapa de nuestra capacidad de cálculo.
¿Cómo solucionar semejante problema? La idea es sencilla y se suele atribuir a Richard Feynmann. Sabemos que los ordenadores clásicos no sirven para simular sistemas cuánticos (sirven pero son muy poco eficientes), pero los sistemas cuánticos existen en la naturaleza, por lo que la naturaleza en si puede simular sistemas cuánticos. La solución será crear ordenadores que funcionen en base a la física cuántica, y estos sí podrán simular eficientemente un sistema cuántico.
Por último mencionar que aunque este es el problema principal que los ordenadores cuánticos solucionarían, en la última década han aparecido muchas aplicaciones alejadas de la física. De eso hablamos un poco más abajo.
Del bit al qubit
Veamos entonces cual es la diferencia entre un ordenador normal, que a partir de ahora llamaremos "ordenador clásico", y un ordenador cuántico.
Como todos sabemos los ordenadores clásicos trabajan con unidades básicas de información, llamadas bits. Estos bits básicamente representan algo que puede tener dos valores, "cero" o "uno", por ejemplo. Los ordenadores cuánticos son más raros y su unidad fundamental no es el bit, sino el quantum bit o qubit, para abreviar.
La diferencia entre los bits y los qubits es clara, los bits sólo pueden estar en "0" ó "1" mientras que los qubits barren cualquier posibilidad. Eso se representa muy bien median la esfera de Bloch. En esta representación los polos de la esfera representan los bits clásicos "0" y "1" y todos los demás puntos son las distintas posibilidades que puede tomar un qubit. Está muy claro que los qubits tienen infinitas posibilidades mientras que los bits sólo dos.
Otras aplicaciones de los ordenadores cuánticos
Como ya he mencionado anteriormente el interés por los ordenadores cuánticos no es simplemente por cuestiones de física cuántica. En los últimos años se les anda buscando todo tipo de aplicaciones, pero sin duda las más conocidas son las siguientes.
- Buscar un elemento en una base de datos (algoritmo de Grover):
Este es el famoso algoritmo de Grover [1], publicado en 1996. Este algoritmo sirve para buscar en una lista de números desordenada si un número está o no en la lista. Esto puede parecer una trivialidad, pero si tienes una lista enorme, por ejemplo los clientes de una multinacional, averiguar si un nuevo cliente está ya o no en la lista lleva bastante tiempo.
En un ordenador clásico hay poco donde mejorar, básicamente tienes que revisar todos los elementos uno por uno. Esto hace que el tiempo que uses sea proporcional al número de elementos de la lista, de modo que si duplicas el tamaño de la lista te llevará el doble de tiempo (obvio). Por suerte cuánticamente sí se puede mejorar. El algoritmo de Grover generalmente tarda un tiempo proporcional a la raíz cuadrada del tamaño de la lista, por lo que si doblas el tamaño de la lista sólo aumenta el tiempo en un factor $\sqrt{2}\sim 1.4$, esto por supuesto mejora más cuanto más grande es la lista.
- Factorizar números (algoritmo de Shor):
Esta es en mi opinión la aplicación estrella de los ordenadores cuánticos, ya que tiene unas aplicaciones muy relevantes. Básicamente el problema es el siguiente, imaginad que os doy dos números primos, por ejemplo 3 y 11, si os digo que lo multipliquéis no os llevará mucho tiempo. Ahora imaginad que en vez de eso os doy un número, por ejemplo 65, y os digo que es el producto de dos números primos, ¿me podéis decir cuáles son? Esto ya no es tan fácil. Este es el problema a resolver dado un número que es el producto de dos primos, averiguar cuales son.
Antes que nada muchos pensaréis que esto es un problema matemático sin mucha utilidad, pues os equivocáis y mucho. Este tipo de problemas es la base de la encriptación RSA, que basa su seguridad precisamente en que esta operación requiere mucho tiempo. Esto quiere decir que si alguien averigua como factorizar estos números rápidamente podrá acceder a datos de bancos, tarjetas de créditos y secretos gubernamentales por doquier. Ciertamente es muy importante.
Ahora la cuestión cuántica. Para resolver este problema en un ordenador cuántico está el famoso algoritmo de Shor. No mencionaré detalles, porque es bastante complicado, pero creedme si os digo que es mucho más rápido para números grandes. Podéis consultarlo en el enlace de la Wikipedia o en la referencia [3].
- Algoritmo de Deutsch-Jozsa:
El algoritmo de Deutsch-Jozsa tiene el honor de ser el algoritmo cuántico más antiguo. No resuelve un problema muy útil, pero es muy ilustrativo. Vamos a ello.
Problema: Tenemos una caja que al recibir un bit (0 ó 1) devuelve un bit (0 ó 1), pero no sabemos cual es la correspondencia entrada-salida. Sin embargo es fácil deducir que la caja
1. da la misma salida a las dos posibles entradas (caja constante) o
2. da diferentes salidas (caja balanceada).
El problema en cuestión es averiguar si la caja es constante o balanceada usándola el menor número de veces.
Clásicamente la cosa está clara, hay que usar la caja dos veces, introducir primero un 0, luego un 1 y ver si la salida es o no es la misma. Cuánticamente hay un método donde podemos averiguarlo con una sola llamada a la caja .
Conclusión
Hasta aquí este post introductorio sobre como son y para que sirven los ordenadores cuánticos. Creo que está bastante claro su potencial, tanto en facilitar la investigación de los físicos cuánticos, lo que dará mejoras en temas de física atómica, de materiales y un sinfín de aplicaciones más, como en cuestiones matemáticas. En el próximo post hablaré sobre los distintos intentos que hay para construirlos. Espero que os guste.
Referencias
[1] Grover L.K.: A fast quantum mechanical algorithm for database search, Proceedings, 28th Annual ACM Symposium on the Theory of Computing, (May 1996) p. 212
Grover L.K.: From Schrödinger's equation to quantum search algorithm, American Journal of Physics, 69(7): 769-777, 2001. Revisión pedagógica del algoritmo de Grover.
[2] Shor, Peter W. (1997), Polynomial-Time Algorithms for Prime Factorization and Discrete Logarithms on a Quantum Computer, SIAM J. Comput. 26 (5): 1484–1509, arXiv:quant-ph/9508027v2
[3] Nielsen, Michael A. & Chuang, Isaac L. (2000), Quantum Computation and Quantum Information, Cambridge University Press.
[4] David Deutsch and Richard Jozsa (1992). Rapid solutions of problems by quantum computation. Proceedings of the Royal Society of London A 439: 553.
¿Cuál es el problema original?
La idea de construir un ordenador cuántico es bastante anterior a que se descubriera su potencial matemático. Viene de un problema con el que los físicos cuánticos nos encontramos a diario: La dificultad de estudiar sistemas cuánticos en un ordenador. Vamos a ver de donde proviene esta dificultad.
Imaginad que tenéis un sistema clásico normal, compuesto por un montón de monedas que pueden estar en "cara" o "cruz". Imaginaos que tenéis por ejemplo, un millón de monedas. Si queréis especificar en que estado se encuentra el sistema ¿qué necesitáis? La respuesta es sencilla, un millón de números "0" ó "1". Si en vez de tener monedas que sólo tienen dos posibilidades, tenéis algo más complejo, por ejemplo un millón de canicas, que tienen su posición y su velocidad cada una de ellas, ¿qué necesitáis? Pues también es simple, necesitáis un millón de números reales para la velocidad y otro millón para la posición.
Básicamente hay que quedarse con esto: En sistemas clásicos necesitas tantos datos como partículas tiene el sistema.
Esto es una limitación, no cabe duda, pero gracias a los ordenadores de hoy en día podemos hacer cuentas con decenas de miles de partículas. ¿Qué ocurre entonces en el caso cuántico?
En un problema de física cuántica la cosa es bastante más complicada. Como ya expliqué en el post sobre la coherencia las monedas cuánticas pueden estar en sus dos estados $\left|cara\right>$ y $\left|cruz\right>$ al mismo tiempo. Esto significa que para dar el estado de una "moneda cuántica" tendré que dar que parte está en cara y cual en cruz, lo que son dos números. ¿Es esto un problema? os preguntaréis sin duda, pues para una moneda no, en absoluto, el problema es cuando vamos incrementando la cosa. Si tenemos dos monedas ahora tenemos 4 posibilidades $\left|cara-cara\right>$, $\left|cara-cruz\right>$, $\left|cruz-cara\right>$ y $\left|cruz-cruz\right>$, hala 4 números que hay que guardar. ¿Y si seguimos aumentando? Si seguimos así veremos muy pronto que para $N$ monedas necesitamos $2^N$ números. Esto puede parecer poco, pero es una barbaridad en cuanto N aumenta un poco. Para muestra un botón, si tenemos 20 partículas tendremos que almacenar algo más de un millón de números y para 30 partículas más de un billón.
La conclusión es simple: En sistemas cuánticos necesitas $2^N$ datos, donde N es el número de partículas que tiene el sistema.
Imagino que empatizaréis ahora con los pobres físicos cuánticos. Nuestros compañeros "clásicos" hacen sus simulaciones de sistemas con un millón de partículas y nosotros rara vez pasamos de 20 (en mi actual trabajo estamos con 10). Tened en cuenta, por ejemplo, que un átomo de Calcio ya tiene 20 electrones, y uno de Uranio 92, eso ya se escapa de nuestra capacidad de cálculo.
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| Los átomos molan mucho, pero estudiarlos de manera exacta no es posible con nuestros ordenadores. |
¿Cómo solucionar semejante problema? La idea es sencilla y se suele atribuir a Richard Feynmann. Sabemos que los ordenadores clásicos no sirven para simular sistemas cuánticos (sirven pero son muy poco eficientes), pero los sistemas cuánticos existen en la naturaleza, por lo que la naturaleza en si puede simular sistemas cuánticos. La solución será crear ordenadores que funcionen en base a la física cuántica, y estos sí podrán simular eficientemente un sistema cuántico.
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| Richard Feynmann |
Por último mencionar que aunque este es el problema principal que los ordenadores cuánticos solucionarían, en la última década han aparecido muchas aplicaciones alejadas de la física. De eso hablamos un poco más abajo.
Del bit al qubit
Veamos entonces cual es la diferencia entre un ordenador normal, que a partir de ahora llamaremos "ordenador clásico", y un ordenador cuántico.
Como todos sabemos los ordenadores clásicos trabajan con unidades básicas de información, llamadas bits. Estos bits básicamente representan algo que puede tener dos valores, "cero" o "uno", por ejemplo. Los ordenadores cuánticos son más raros y su unidad fundamental no es el bit, sino el quantum bit o qubit, para abreviar.
La diferencia entre los bits y los qubits es clara, los bits sólo pueden estar en "0" ó "1" mientras que los qubits barren cualquier posibilidad. Eso se representa muy bien median la esfera de Bloch. En esta representación los polos de la esfera representan los bits clásicos "0" y "1" y todos los demás puntos son las distintas posibilidades que puede tomar un qubit. Está muy claro que los qubits tienen infinitas posibilidades mientras que los bits sólo dos.
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| La esfera de Bloch |
Otras aplicaciones de los ordenadores cuánticos
Como ya he mencionado anteriormente el interés por los ordenadores cuánticos no es simplemente por cuestiones de física cuántica. En los últimos años se les anda buscando todo tipo de aplicaciones, pero sin duda las más conocidas son las siguientes.
- Buscar un elemento en una base de datos (algoritmo de Grover):
Este es el famoso algoritmo de Grover [1], publicado en 1996. Este algoritmo sirve para buscar en una lista de números desordenada si un número está o no en la lista. Esto puede parecer una trivialidad, pero si tienes una lista enorme, por ejemplo los clientes de una multinacional, averiguar si un nuevo cliente está ya o no en la lista lleva bastante tiempo.
En un ordenador clásico hay poco donde mejorar, básicamente tienes que revisar todos los elementos uno por uno. Esto hace que el tiempo que uses sea proporcional al número de elementos de la lista, de modo que si duplicas el tamaño de la lista te llevará el doble de tiempo (obvio). Por suerte cuánticamente sí se puede mejorar. El algoritmo de Grover generalmente tarda un tiempo proporcional a la raíz cuadrada del tamaño de la lista, por lo que si doblas el tamaño de la lista sólo aumenta el tiempo en un factor $\sqrt{2}\sim 1.4$, esto por supuesto mejora más cuanto más grande es la lista.
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| Algoritmo de Grover, vía Wikipedia |
- Factorizar números (algoritmo de Shor):
Esta es en mi opinión la aplicación estrella de los ordenadores cuánticos, ya que tiene unas aplicaciones muy relevantes. Básicamente el problema es el siguiente, imaginad que os doy dos números primos, por ejemplo 3 y 11, si os digo que lo multipliquéis no os llevará mucho tiempo. Ahora imaginad que en vez de eso os doy un número, por ejemplo 65, y os digo que es el producto de dos números primos, ¿me podéis decir cuáles son? Esto ya no es tan fácil. Este es el problema a resolver dado un número que es el producto de dos primos, averiguar cuales son.
Antes que nada muchos pensaréis que esto es un problema matemático sin mucha utilidad, pues os equivocáis y mucho. Este tipo de problemas es la base de la encriptación RSA, que basa su seguridad precisamente en que esta operación requiere mucho tiempo. Esto quiere decir que si alguien averigua como factorizar estos números rápidamente podrá acceder a datos de bancos, tarjetas de créditos y secretos gubernamentales por doquier. Ciertamente es muy importante.
Ahora la cuestión cuántica. Para resolver este problema en un ordenador cuántico está el famoso algoritmo de Shor. No mencionaré detalles, porque es bastante complicado, pero creedme si os digo que es mucho más rápido para números grandes. Podéis consultarlo en el enlace de la Wikipedia o en la referencia [3].
- Algoritmo de Deutsch-Jozsa:
El algoritmo de Deutsch-Jozsa tiene el honor de ser el algoritmo cuántico más antiguo. No resuelve un problema muy útil, pero es muy ilustrativo. Vamos a ello.
Problema: Tenemos una caja que al recibir un bit (0 ó 1) devuelve un bit (0 ó 1), pero no sabemos cual es la correspondencia entrada-salida. Sin embargo es fácil deducir que la caja
1. da la misma salida a las dos posibles entradas (caja constante) o
2. da diferentes salidas (caja balanceada).
El problema en cuestión es averiguar si la caja es constante o balanceada usándola el menor número de veces.
Clásicamente la cosa está clara, hay que usar la caja dos veces, introducir primero un 0, luego un 1 y ver si la salida es o no es la misma. Cuánticamente hay un método donde podemos averiguarlo con una sola llamada a la caja .
Conclusión
Hasta aquí este post introductorio sobre como son y para que sirven los ordenadores cuánticos. Creo que está bastante claro su potencial, tanto en facilitar la investigación de los físicos cuánticos, lo que dará mejoras en temas de física atómica, de materiales y un sinfín de aplicaciones más, como en cuestiones matemáticas. En el próximo post hablaré sobre los distintos intentos que hay para construirlos. Espero que os guste.
Referencias
[1] Grover L.K.: A fast quantum mechanical algorithm for database search, Proceedings, 28th Annual ACM Symposium on the Theory of Computing, (May 1996) p. 212
Grover L.K.: From Schrödinger's equation to quantum search algorithm, American Journal of Physics, 69(7): 769-777, 2001. Revisión pedagógica del algoritmo de Grover.
[2] Shor, Peter W. (1997), Polynomial-Time Algorithms for Prime Factorization and Discrete Logarithms on a Quantum Computer, SIAM J. Comput. 26 (5): 1484–1509, arXiv:quant-ph/9508027v2
[3] Nielsen, Michael A. & Chuang, Isaac L. (2000), Quantum Computation and Quantum Information, Cambridge University Press.
[4] David Deutsch and Richard Jozsa (1992). Rapid solutions of problems by quantum computation. Proceedings of the Royal Society of London A 439: 553.
lunes, 11 de abril de 2011
Algoritmo de ordenación ilustrado mediante el baile
Ordenar una serie de números de menor a mayor (o viceversa) puede parecer una tarea trivial, pero si la lista es larga y quieres que termine en un tiempo razonable es un problema muy complejo. Por otro lado es un problema tremendamente útil. Es raro el físico que durante su investigación no se haya encontrado nunca con tener que ordenar una larga serie de datos, pero también es útil por ejemplo para ordenar una base de datos alfabéticamente o como paso previo a localizar si un elemento está en una tabla o no.
Todo esto ha hecho que se desarrollen distintos algoritmos de ordenación, como wl quicksort, que es el que yo uso, o el famoso algoritmo de la burbuja que suele ser el primero en estudiarse en la carrera (tal vez porque tiene un nombre divertido). Al principio estos algoritmos son algo complejos de entender, pero afortunadamente ahora, gracias a la Sapientia University, puedes visualizarlos como un baile húngaro. Veamos por ejemplo el algoritmo de la burbuja, con los datos en el vector $a[i]$.
No solo hay este, en la web original podéis ver unos cuantos diferentes. Sin duda es una de las representaciones más didácticas que he visto nunca, debería ser de obligado visionado para todos los estudiantes de ciencias/tecnología.
Web original: http://www.i-programmer.info/news/150-training-a-education/2255-sorting-algorithms-as-dances.html
Visto en: http://www.microsiervos.com
domingo, 3 de octubre de 2010
Publicaciones científicas y revisión por pares
Este es el primero de una serie de posts en los que pretendo explicar brevemente como es el método científico actual. Esto es, en mi opinión, de un interés muy general, tanto para científicos como para profanos, ya que continuamente se producen nuevos avances científicos que son de relevancia para la población en general. Obviamente para el no entendido en cuestiones científicas es bueno saber distinguir a un científico de un cantamañanas que se quiere aprovechar de él. Igualmente hay que saber cuando algo está "demostrado científicamente" (cuestión que tomará un post propio), que es ciencia y que no y distinguir entre una hipótesis y un resultado definitivo.
En este primer post hablaré de las publicaciones científicas. Es obvio que los científicos no pueden trabajar de espaldas unos a otros, y que lo que descubren lo tienen que compartir con el resto. Si no sería equivalente a no descubrir nada. Para esto a lo largo de la historia y en la actualidad ha habido multitud de métodos distintos: Libros autoeditados, congresos, cartas personales, revistas. Sin embargo actualmente lo más extendido sin duda son las revistas científicas con revisión por pares, y es de ellas de las que quiero aclarar un poco las cosas.
Lo primero es que nunca hay que confundir una publicación científica con que en un periódico un día publiquen un artículo sobre ciencia. Igualmente no son publicaciones científicas ni Muy Interesante, ni QUO, ni National Geographic. Cualquier revista es libre de hablar de ciencia en cualquier momento, pero las revistas que publican nuevos resultados científicos son diferente como veremos ahora. Aparte no puedo dejar de mencionar que en los periódicos y revistas epañolas hoy en día se pueden leer barbaridades científicas a diario, como bien se puede ver en uno de mis blogs favoritos: malaprensa.
En este primer post hablaré de las publicaciones científicas. Es obvio que los científicos no pueden trabajar de espaldas unos a otros, y que lo que descubren lo tienen que compartir con el resto. Si no sería equivalente a no descubrir nada. Para esto a lo largo de la historia y en la actualidad ha habido multitud de métodos distintos: Libros autoeditados, congresos, cartas personales, revistas. Sin embargo actualmente lo más extendido sin duda son las revistas científicas con revisión por pares, y es de ellas de las que quiero aclarar un poco las cosas.
Lo primero es que nunca hay que confundir una publicación científica con que en un periódico un día publiquen un artículo sobre ciencia. Igualmente no son publicaciones científicas ni Muy Interesante, ni QUO, ni National Geographic. Cualquier revista es libre de hablar de ciencia en cualquier momento, pero las revistas que publican nuevos resultados científicos son diferente como veremos ahora. Aparte no puedo dejar de mencionar que en los periódicos y revistas epañolas hoy en día se pueden leer barbaridades científicas a diario, como bien se puede ver en uno de mis blogs favoritos: malaprensa.
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