En la entrada sobre la Teoría de Cuerdas ya expliqué (brevemente) lo interesados que estamos siempre los físicos en unificar teorías. Básicamente la idea es esta: Si tengo dos teorías que explican distintos fenómenos quizás pueda formular una sola teoría más general que también los explique. Esto no es una cuestión sólo de simplificar, generalmente de la unificación de dos teorías suelen surgir nuevos resultados no contemplados por las teorías anteriores.
El propósito de este post es explicar dos teorías unificadoras que se formularon durante el siglo XX. Ambas intentaban explicar el mismo fenómeno, la gravedad, pero con derivaciones completamente diferentes. Finalmente es sabido que una se impuso a la otra, de hecho imagino que muy poca gente habrá oído hablar de Nordström, el porqué sucedió esto es un gran ejemplo del funcionamiento del método científico. Mejor empecemos por el principio.
Antecedentes
A principios del siglo XX la física vivía un momento esplendoroso. La mecánica de Newton explicaba desde la caída de una manzana al movimiento de los planetas. Recientemente Maxwell había desarrollado sus famosas ecuaciones que permitían relacionar la electricidad y el magnetismo. Además un joven físico desconocido, Albert Einstein, había formulado su Teoría Especial de la Relatividad, que indicaba que lo que para un observador era un campo magnético para otro era un campo eléctrico y viceversa. La teoría de Maxwell-Einstein se consideraba una teoría de unificación, ya que relacionaba dos fenómenos en apariencia diferentes (la electricidad y el magnetismo) como dos manifestaciones del mismo fenómenos. Por otro lado la teoría de Einstein también tenía un carácter unificador, ya que indicaba que todos los observadores, ya estuvieran en reposo o en movimiento uniforme, eran totalmente equivalentes.
