Así veo yo mi escepticismo:
Yo no creo en Dios, ni en que haya vida después de la muerte, no creo en la reencarnación ni en los Reyes Magos. No creo que la homeopatía cure más allá del efecto placebo, tampoco que mirando las estrellas se pueda saber si me va a tocar o no la lotería, o que se pueda conjurar la suerte (sea lo que sea eso) con un amuleto. De hecho, ni siquiera creo los seres humanos tengamos libre albedrío y seamos esencialmente diferentes al resto del universo. Todas estas cosas no las creo, pero no por que no quiera creer, simplemente la experiencia, mi educación y mi formación científica me han llevado a no creerlas.
A mí no me importaría creer que cuando muera iré a un sitio mejor, y que volveré a encontrarme con mis seres queridos. Simplemente, no lo creo posible. Igualmente si la homeopatía cura por mí genial, un remedio más al que acudir si me pongo enfermo. El problema es que me piden que lo crea sin darme ninguna prueba. En algunos casos es sencillo, ¿piensas que tu medicamento homeopático cura, digamos, la alergia? Dáselo a muchos alérgicos, estúdialos durante años, ten un grupo de control y en las estadísticas saldrá. Yo no tengo prisa, así que esperaré.
Por supuesto, yo estoy dispuesto a creer en todas estas cosas. En Dios, en la reencarnación, en la homeopatía, en el horóscopo. Además soy muy sencillo de convencer, sólo necesito pruebas. Es evidente que afirmaciones que vayan en contra de lo que sabemos hoy en día requerirán pruebas muy sólidas. Habrá que estudiarlas con cuidado, buscando algún fallo, habrá que repetir experimentos y testearlo todo bien. Lo bueno es que si algo es cierto lo seguirá siendo mañana, y la verdad aguantará todas las pruebas.
Sólo entiendan que la carga de la prueba recae sobre el que afirma, por lo que no tiene sentido que me pidan a mí pruebas de que no hay vida después de la muerte, cosa que es además imposible de probar per se.
Todo esto se puede resumir en la famosa frase de Carl Sagan: "Yo no quiero creer. Yo quiero saber".
Yo no creo en Dios, ni en que haya vida después de la muerte, no creo en la reencarnación ni en los Reyes Magos. No creo que la homeopatía cure más allá del efecto placebo, tampoco que mirando las estrellas se pueda saber si me va a tocar o no la lotería, o que se pueda conjurar la suerte (sea lo que sea eso) con un amuleto. De hecho, ni siquiera creo los seres humanos tengamos libre albedrío y seamos esencialmente diferentes al resto del universo. Todas estas cosas no las creo, pero no por que no quiera creer, simplemente la experiencia, mi educación y mi formación científica me han llevado a no creerlas.
A mí no me importaría creer que cuando muera iré a un sitio mejor, y que volveré a encontrarme con mis seres queridos. Simplemente, no lo creo posible. Igualmente si la homeopatía cura por mí genial, un remedio más al que acudir si me pongo enfermo. El problema es que me piden que lo crea sin darme ninguna prueba. En algunos casos es sencillo, ¿piensas que tu medicamento homeopático cura, digamos, la alergia? Dáselo a muchos alérgicos, estúdialos durante años, ten un grupo de control y en las estadísticas saldrá. Yo no tengo prisa, así que esperaré.
Por supuesto, yo estoy dispuesto a creer en todas estas cosas. En Dios, en la reencarnación, en la homeopatía, en el horóscopo. Además soy muy sencillo de convencer, sólo necesito pruebas. Es evidente que afirmaciones que vayan en contra de lo que sabemos hoy en día requerirán pruebas muy sólidas. Habrá que estudiarlas con cuidado, buscando algún fallo, habrá que repetir experimentos y testearlo todo bien. Lo bueno es que si algo es cierto lo seguirá siendo mañana, y la verdad aguantará todas las pruebas.
Sólo entiendan que la carga de la prueba recae sobre el que afirma, por lo que no tiene sentido que me pidan a mí pruebas de que no hay vida después de la muerte, cosa que es además imposible de probar per se.
Todo esto se puede resumir en la famosa frase de Carl Sagan: "Yo no quiero creer. Yo quiero saber".



