lunes, 26 de mayo de 2014

Querido creyente, Francis Spufford

Querido señor Spufford. He leído con mucho interés, y algo de estupor, su artículo en El País titulado Queridos ateos. Me sorprende ver como ciertas falacias son desmontadas durante años y aún así se siguen usando.  

El primer punto que me ha llamado la atención es su opinión sobre el ateísmo como acto de fe, y del agnosticismo como postura científica. Como científico, y ateo, no puedo más que discrepar. Al igual que usted opina que el profesor Dawkins sabe mucho de biología y poco de religión, yo le recomiendo a usted que lea más sobre filosofía de la ciencia. Autores como Popper, Sagan o Russel (o incluso el mismo Dawkins a nivel divulgativo) pueden enseñarle mucho en esa dirección. Yo me limitaré a esbozar los contraargumentos a su afirmación.

Por un lado, afirma usted que: Nosotros creemos que existe un Dios y ustedes creen que no; cuando, en realidad nadie lo sabe, ni puede saberlo: no es una cuestión susceptible de ser probada. La ciencia, como mucho, puede demostrar que no hay necesidad de Dios como explicación física de nada. Como usted bien dice, la ciencia puede probar la no necesidad de una causa externa para la existencia del universo, y en esa dirección se está avanzando a pasos de gigante. Le recomiendo que lea algunos de los artículos divulgativos sobre el reciente experimento BICEP2 y la inflación del universo. Si algún día tenemos una explicación completa y satisfactoria la postura científica será no creer en Dios, y no el agnosticismo, dado que la figura de Dios será innecesaria. Hay que plantearse incluso qué sentido tiene decir que existe un Dios, pero que este no ha influido en absoluto en el universo, dado que todo lo que ha ocurrido lo ha hecho por motivos claramente explicados y sin su intervención. Le pongo un ejemplo. La física puede explicar los fenómenos gravitatorios con una exactitud asombrosa, gracias a la Relatividad General. Alguien puede alegar que la gravedad la provoca un "Mago Gravitatorio", y no podemos demostrar su inexistencia de ninguna manera. No por ese motivo los físicos nos declaramos agnósticos de ese Mago. Si tenemos una teoría que explica los fenómenos conocidos no necesitamos ninguna explicación exterior, y por eso no la creemos. Incluso si esa teoría no es perfecta, en cuanto que no explica todos los fenómenos, no es sustituible por una explicación externa y no-falsable. Este razonamiento se aplica también a la existencia del universo en sí. 

Una segunda observación, más profunda, sobre este mismo punto es si realmente la no existencia de Dios es indemostrable. Eso no depende tanto del método científico en sí como de su definición de Dios. De hecho, la existencia del Dios bíblico, que creó el mundo en siete días y al ser humano como tal, ha sido ya demostrado como falsa por la ciencia. Está demostrado que el universo, y la Tierra, es mucho más antigua de lo que la Biblia afirma, y que el ser humano no fue creado como tal, sino que hubo un proceso evolutivo. A medida que eso se demostró, la definición de Dios se adaptó a estos nuevos descubrimientos. Esa indemostrabilidad de la que usted habla viene dada por esa definición vaga y modificable del concepto de Dios. Permítame que me ahorre escribir un ejemplo al respecto de esa cuestión, puesto que hay muchos en la literatura. El Dragón en el Garaje de Sagan y la Tetera de Russel son dos de los más conocidos. Créame si le digo que los científicos no nos declaramos agnósticos de los dragones invisibles ni las teteras satélite.

El otro punto de su artículo que me ha llamado la atención es como empieza estableciendo igualdades y pidiendo respeto, para terminar estableciendo diferencias y faltando al respeto. Afirma usted que muchos de los ateos tenemos una relación de hostilidad hacia los creyentes, y nos compara con que la gente que no colecciona sellos edite una revista llamada El Antifilatélico. De esa comparación se entiende que usted considera más legítimo que los creyentes expresen sus creencias a que los ateos expresemos nuestra falta de creencia. Permítame comentarle dos cuestiones con respecto a esa opinión suya.

Primero, según observo la mayoría de las manifestaciones públicas de los colectivos ateos no son para fomentar el ateísmo, ni para que la gente deje de creer, sino para reclamar más laicismo en el estado. En mi país, por ejemplo, existen beneficios fiscales para la iglesia, educación católica pagada por todos, ocupación del espacio público por parte de la iglesia y muchas cuestiones similares. Los ateos no tenemos ninguno de esos privilegios. También la iglesia influye en la política por motivos exclusivamente religiosos. Por esos motivos muchos ateos, y muchos creyentes también, nos manifestamos, no en contra de la religión en sí, sino en contra de esa influencia y esos privilegios.

Por otra parte, hay otra cuestión que me parece aún más interesante. ¿Por qué considera usted que los cristianos, o los religiosos en general, pueden publicitar activamente su estilo de vida pero los ateos no? Yo no soy ateo por elección, sino porque la no existencia de Dios es la conclusión intelectual a la que he llegado. Eso no significa que prefiriese ser creyente. Ser ateo tiene, en mi opinión, muchas ventajas. No creo en una vida después de la muerte, y por eso intento aprovechar la actual al máximo. Al no creer en un ser superior no tengo que seguir ningún dogma ni regla moral externa, sino que soy libre de definir mi propia moralidad. Puedo disfrutar de mi sexualidad sin remordimiento alguno y tendré los hijos que considere oportuno. Si los cristianos tienen motivos para intentar convencer a los demás de que su forma de vida es positiva, también lo tenemos los ateos. Negarnos ese derecho sería volver a otros tiempos más oscuros, donde uno podía creer en lo que quisiera, siempre que lo hiciese en privado y en público fingiera lo contrario.

Un saludo. 

PS: Más información sobre mi opinión sobre el ateísmo y la ciencia en la entrada La Ciencia y Dios.

PPS: Si alguien considera que no-coleccionar sellos es bueno (o no practicar alpinismo, por mencionar algo que me afecte) tiene todo mi apoyo para manifestarlo cuando quiera.

domingo, 11 de mayo de 2014

Rajoy, Talegón y el efecto primo

El género humano es sorprendente y muy variado. Eso es parte de nuestro encanto, que hay un poco de todo. Sin embargo, hay conductas que nunca dejarán de sorprenderme, incluso cuando las aplico yo mismo. Una de ellas la he visto muchas veces, y recientemente más, y es la que he decidido bautizar como el Efecto Primo. 

Empecemos un poco por el principio, con una explicación de cómo tuve la idea de escribir este post. Recientemente, escribí un post sobre un programa de Cuarto Milenio que trató sobre el entrelazamiento cuántico. Este post salió en la portada de menéame,  y eso atrajo a muchos lectores. He de decir de antemano que decidí cerrar mi cuenta de menéame hace ya unos meses. No sé exactamente como tuve la revelación, pero de repente me di cuenta de que había infinitas maneras . Una decisión personal, como podéis ver. Sin embargo, como uno no es de piedra no pude evitar echarle un ojo a los comentarios. Allí había, como siempre, comentarios buenos mezclados con, digamos simplemente, otros comentarios. Dejémoslo ahí. Hubo uno, en concreto que me llamó bastante la atención, y que fue relativamente bien votado. 

El comentario en cuestión decía:

Parte de la culpa es de los propios científicos por llamar "teletransportación" a algo que no lo es. También tienen culpa los periodistas (no sólo Íker, sino muchos) por exagerar el fenómeno en si.

El entrelazamiento cuántico es esto (podéis hacer el experimento en casa):

Compras unos zapatos y dos cajas de zapatos, metes un zapato en cada caja (sin saber de que pie es), das una caja a un amigo, otra te la quedas tu, tu amigo se va a su casa, abre la caja, te llama y te dice que zapato tiene. Entonces, eso te produce un cambio: antes no sabías a que pié correspondía tu zapato, y ahora pasas a saberlo, sin abrir la caja. Ni más ni menos, no hay teletransporte ni energías misteriosas. No se porqué los periodistas (y algunos científicos) exageran tanto.

Digamos que mientras tienes la caja tienes un estado superpuesto de 50% de zapato izquierdo y 50% de zapato derecho, recibes la llamada y ese estado queda modificado por un 100% de zapato izquierdo o bien un 100% de zapato derecho, según lo que te digan al teléfono. No veo ningún misterio.

Y por supuesto, el que diga que eso es un teletransporte merece un pwnage, yo le obligaba a rebobinar todas las cintas de Star Trek en VHS que hayan lanzado usando los deditos de sus manos.

#3: Si el experimento en si es válido, pero como digo, es algo que podemos hacer todos con dos zapatos, dos cajas y un teléfono.


martes, 6 de mayo de 2014

Biología feminista


La universidad de Wisconsin ha creado un programa de investigación en "biología feminista" para, según la misma universidad, contrarrestar la investigación "masculina, blanca, heterosexual". Curiosamente, el programa pertenece al departamento de Investigación de Mujeres y Género, no al de biología. A raíz de esta cuestión he encontrado un vídeo del American Enterprise Institute que me ha parecido muy relevante. El vídeo está en inglés, pero se pueden activar subtítulos en español.





La discusión en los comentarios de youtube es también interesante. Bueno, interesante a ratos.

Nos seguimos leyendo. 

El entrelazamiento cuántico en Cuarto Milenio

El entrelazamiento cuántico, fenómeno físico que da nombre a este blog y sobre el que escribí mi tesis doctoral, ha vuelto a ser violado en televisión de la forma más depravada, a la Iker Jiménez. Es realmente frustrante saber que existe un campo de trabajo científico fascinante, revolucionario, con resultados realmente interesantes para toda la población, y que lo que llega siempre al público general son las tonterías de los charlatanes vendehumos de siempre. 

El vídeo del abominable acto contra la ciencia se puede ver aquí. Si quieren pueden leer antes un poco sobre el entrelazamiento cuántico. Sólo la introducción antes del programa ya es un compendio de la tontería. Incluso el resumen que hay debajo del vídeo no tiene sentido. "Se experimenta casi en secreto...". No sé dónde será eso, porque yo he visitado bastantes laboratorios donde se realizan esos experimentos. En Viena, en Innsbruck, en Munich, en el MIT. En todos los sitios me han explicado con detalle cómo funcionan los montajes experimentales, hasta saturarme de información sobre dispositivos ópticos, láseres y cámaras de vacío. A lo mejor son secretistas sólo con los resultados, investigando pero no publicando. Es difícil de creer. En esta gráfica podemos ver el número de artículos científicos con la palabra "entanglement" a través de los años (está hecha hasta 2008 porque la preparé hace ya unos años). 



Veamos más barrabasadas, y todavía sin salirnos de la descripción del vídeo. "Energías invisibles". El entrelazamiento no es energía, pero además no sabría decir yo una energía que fuera visible. Imagino que el señor Jiménez verá el calor. "Teletransportación de partículas". No sé cuantas veces habrá que explicar qué es la teletransportación cuántica, pero es fácil recordar que no es la teletransportación de Star Trek. 

Después comienza el vídeo, y todo empieza a redirigirse hacia cuestiones como la telepatía o la supuesta conexión universal que el entrelazamiento nos da, según los vendehumos. Para eso no hay nada mejor que invocar al segundo mayor charlatán cuántico (después de Chopra, claro, Chopra es el mejor), Blake T. Dotta. Para todo aquel que no lo conozca, es decir para todo el mundo, dejadme que os lo presente. El señor Dotta, o doctor Dotta tal vez, es un tipo del que en los círculos académicos relacionados con la física cuántica prácticamente nadie ha oído hablar. Podéis hacer la prueba si queréis, acercaos a la universidad más cercana, preguntad quién trabaja en física cuántica y luego preguntad si conoce a este tipo. Luego preguntad si conocen a Anton Zeilinger, Ignacio Cirac, Peter Zoller, Seht Lloyd o Immanuel Bloch. Podréis comprobar así quien es conocido y quien no en el campo. 

El problema para analizar el trabajo del señor Dotta no es sólo que no sea conocido. El principal problema es que no facilita el que lo conozcan. Otro experimento, id a google y teclead "Anton Zeilinger" (vale, se que da pereza, sólo haced click aquí). Cronometrar cuanto tardáis en averiguar dónde trabaja este hombre, cuales son sus artículos, cual es su campo y demás. Ahora haced lo mismo con "Blake Dotta" (también aquí). Por fin hemos encontrado al único tipo que investiga en secreto. Bueno, está también Cronoaltera y su laboratorio secreto, pero esos cerraron ya el chiringuito. 

Si se hace una pequeña búsqueda se pueden encontrar algunos de sus artículos. Entonces hace su aparición la maravillosa y genuina revista cuántica, Neuroquantology. Esto, por supuesto, es ironía, Neuroquantology es un ejemplo claro y genuino de como no se hace la ciencia. Se basa en el mismo principio que la revista Homeopathy, aunque es todavía más cutre. Como ya hemos hablado por aquí los estudios científicos se publican en revistas científicas con revisión por pares. Eso es un problema si quieres publicar cosas que son, simplemente, falsas, porque los revisores se pueden dar cuenta y la revista no querrá publicarlas. Entonces, si toda tu vida está dedicada a un campo que es acientífico y quieres publicar directamente lo que te salga de las narices tienes un problema. Ante eso sólo puedes aplicar la "lógica Bender": ¿Que las revistas científicas no quieren mi porquería? ¡¡Pues me construyo mi propia revista, con casinos, y furcias!!





En esa "revista", desconocida para toda la comunidad científica, es donde el señor Dotta da rienda suelta a sus esotéricas, y absurdas, teorías sobre el cerebro y la física cuántica. La principal crítica que se le puede hacer a sus "experimentos" es la misma que le podemos hacer a Masaru Emoto, sus experimentos sólo le funcionan a él y cada vez que alguien los intenta replicar no dan ningún resultado. 

Así, si esta es la referencia y estos son los experimentos que el señor Jiménez encuentra interesante sólo puedo recomendar lo que siempre he recomendado, no vean semejante programa. Si quieren saber sobre física cuántica lean un libro, hay muchos y muy buenos como La Puerta de los Tres Cerrojos, lean blogs bien informados como Cuentos Cuánticos o el blog de Francis, y ante la duda pregunten siempre a los expertos. Por supuesto, experto es alguien que trabaje en física cuántica, no se fíen del doctor Gaona que sale en el programa, que es médico no físico, y que yo no le dejaría que me tratara ni un resfriado. 

Nos seguimos leyendo.


PS: Rompiendo el secretismo un periodista se infiltró y consiguió hacer un reportaje sobre los experimentos del señor Dotta.





PPS: Os dejo mi Decálogo contra el esoterismo cuántico, por si tenéis dudas.

lunes, 28 de abril de 2014

La competitividad y la cooperación en la ciencia

Últimamente, se leen muchos artículos en España sobre el funcionamiento de la universidad y el desarrollo de la investigación. Curiosamente, se encuentran muy polarizadas entre la denuncia de lo endogámica y enchufista que es la universidad y la defensa a ultranza de la calidad de la misma. Quizás no sea tan curioso, ya que España es un país en el que nos gusta mucho polarizarnos, y defender a ultranza posturas opuestas sin posibilidad de matices ni de entendimiento. Además, según mi impresión se está creando una tendencia bastante perjudicial en el mundo científico español. Esa tendencia se resume en la siguiente frase: no se debe criticar el funcionamiento de la universidad porque si la criticas estás justificando los recortes a la misma. Me parece una idiotez, muy extendida, pero idiotez al fin y al cabo. Sin duda, si consideras que la educación universitaria y la investigación son importantes deberías hacer dos cosas. Primero, criticar los recortes, ya que sin financiación difícilmente se hará buena ciencia, o se dará una buena educación. Segundo, criticar cualquier conducta que consideres perjudicial en las universidades. Si malo es tener pocos fondos, igual de malo es que los fondos que hay no se utilicen adecuadamente. En otro momento hablaré de mi opinión sobre la universidad y la investigación española, pero el tema que me ha llamado la atención ahora es otro. 

La última entrevista que he leído al respecto se titula: "La universidad debe ser gratuita, pagada con los impuestos". En ella se entrevista a Enrique Díez, uno de los autores de un reciente libro. Me ha parecido la típica entrevista en la que se proponen métodos para la universidad basados en una fuerte ideología, pero con poco conocimiento del funcionamiento de la investigación en sí. Está llena de proclamaciones ideológicas que pueden parecer atractivas en primer lugar, pero que de aplicarse serían muy contraproducentes. El entrevistado es también coordinador de educación de Izquierda Unida, por lo que nos puede dar una imagen de la postura de ese partido sobre este tema. Dentro de la entrevista hay muchas cosas de las que discrepo. Se hace en la entrevista bastante apología del "buenrrollismo", con pocas soluciones prácticas, y promocionando ciertas conductas totalmente erróneas. Por ejemplo, la frase: "Una auténtica evaluación que ayude a mejorar sólo puede ser una autoevaluación", me parece un despropósito absoluto. Sin embargo, tampoco es de eso de lo que quiero hablar ahora. 

De lo que quiero hablar es de una afirmación de la entrevista que me ha llamado mucho la atención:  "Al revés, se trata de colaborar y compartir las buenas prácticas y lo que hemos conseguido mejorar. Así es como lo hace la comunidad científica cuando consigue un auténtico avance de la ciencia. Colaborando y no compitiendo."

Me resulta extraña una afirmación tan tajante sobre la comunidad científica. Tajante y lejana a la realidad, según mi experiencia. Por eso he querido escribir este post explicando mi punto de vista. Vayamos por partes, pues. 


La competitividad en la ciencia es inevitable

Reconozcámoslo, el trabajo del científico, o del profesor universitario, mola. Trabajas en algo creativo, no implica un esfuerzo físico considerable, está bien remunerado (eso más en el extranjero, en España con los sucesivos recortes puede llegar a quedarse en nada), conoces mundo, etc. Siendo esto así es razonable que mucha gente aspire a tener ese trabajo. Por otra parte, los fondos para investigar siempre son limitados. No me cabe duda de que una sociedad, o país, que quiera prosperar debe dedicar una cantidad de dinero considerable a la ciencia y a la educación universitaria, pero siempre estará limitado. Otras partidas de gasto, como la sanidad o la educación básica, van siempre a requerir más financiación. Por mucho que recuperemos el dinero que malgasta el estado, siempre tendremos una cantidad limitada que invertir en ciencia. Por ese motivo, siempre habrá gente que se quiera dedicar a este trabajo y no pueda. Esto no es exclusivo de la ciencia, claro está. No todo el mundo que quiera puede ser profesor, ni maestro, ni bombero, ni médico. Un proceso de selección es siempre necesario, y ese proceso implicará competitividad. 

En mi opinión, una sociedad sana debe garantizar que las personas que ejerzan un empleo público sean las que mejor lo puedan desempeñar. Se puede, y se debe, criticar un proceso selectivo que no sea el más adecuado. A fin de cuentas todos los empleados públicos reciben su salario de los impuestos de los demás (y a su vez pagan a otros con sus propios impuestos, claro está). Por este motivo el proceso selectivo debe ser justo, objetivo y transparente. Pero debe haber un proceso selectivo. Que alguien quiera ser científico, o profesor, o maestro, o bombero, no es motivo suficiente para que pueda serlo. 

En España, he llegado a escuchar a gente proclamar que todo aquel que tenga un doctorado debería tener garantizado un trabajo público. Eso es una barbaridad. Un doctorado, en sí, no garantiza que uno vaya a hacer bien el trabajo de investigador, ni mucho menos el de profesor. En otros países, el porcentaje de personas con doctorado que no trabajan en investigación es aún mayor que en España, y no pasa nada. La selección debe realizarse durante un tiempo suficiente como para garantizar que los investigadores que entren en el sistema son suficientemente válidos e independientes como para contribuir de manera suficiente a la investigación y la educación universitaria.


Competitividad y cooperación no son comportamientos yuxtapuestos en absoluto

Es evidente que un equipo de fútbol colabora para competir con el equipo contrario. Distintos atletas colaboran en sus entrenamientos aunque luego compitan entre sí. Eso es algo normal. En ciencia la cosa no es muy diferente, y creo que eso es algo sabido por cualquiera que se dedique a la investigación. Tengo varias anécdotas que ilustran este hecho. 

Donde vivo y trabajo yo hay varias universidades. Dos de ella, el MIT y Harvard, son universidades de primer nivel y compiten mucho entre ellas. Es muy común escuchar a la gente en los bares discutir si su universidad es mejor que la otra, las universidades presumen mucho de sus méritos y compiten por los mismos fondos. Eso no impide que la colaboración entre ambas sea también excelente. Cada semana recibo un mail con los seminarios que hay en mi campo, la física, en toda la zona. Los investigadores nos desplazamos con frecuencia de una universidad a otra para poder asistir a estos seminarios, y allí interactuamos y colaboramos. Muchos grupos tienen colaboraciones permanentes entre universidades, como es habitual. Por mi experiencia he visto que las universidades más competitivas, suelen ser también las que más redes colaborativas tienen. Eso no les resta competitividad, sino que las hace más competitivas. Tal y como está organizada la ciencia actual es imposible trabajar a un alto nivel si no tienes muchos colaboradores de mucho talento. Después esos mismos grupos competirán por las mismas financiaciones, y no pasará nada en absoluto. En concreto mi universidad es muy competitiva, y eso no le impide liberar gran parte de sus contenidos docentes para beneficio de todo el mundo (lo podéis encontrar aquí).

Otra anécdota. Recientemente, he solicitado algunos contratos para comenzar mi retorno a España. Uno de esos contratos lo pedí en la Universidad de Granada, y ocurre que otro chico lo ha pedido en el mismo departamento que yo. Por las condiciones de la convocatoria no lo podemos conseguir los dos, si es que lo conseguimos alguno de los dos, que tampoco es seguro. Pues bien, este chico, que es muy amable, me ayudó mucho con la preparación de mi solicitud, aún sabiendo que los dos no podemos conseguirlo. Por otro lado, yo mismo informé a un amigo mío, que sabía que podía estar interesado sobre la posibilidad de pedir este contrato, y hablamos sobre cómo preparar el currículum para optimizar nuestras posibilidades. Es evidente que vamos a competir, porque todos no podemos conseguir el contrato, pero antes hemos colaborado para ahorrarnos tiempo mutuamente y para que el proceso sea lo más justo posible. No es nada raro o inusual. Simplemente colaboramos y ya será luego la universidad la que decida quien se lleva el contrato. 


La competitividad no es algo malo per se

Yo, personalmente, considero que ser demasiado competitivo es la mejor manera que hay de garantizarse una vida infeliz. Siempre habrá gente mejor que tú, en cualquier cosa que te propongas (salvo para Rafa Nadal, vaya tío), y eso te causará mucho estrés. Eso es una opinión personal, y también hay que saber distinguir entre tener un cierto nivel de competitividad y ser demasiado competitivo. 

En ciencia, todos nos beneficiamos de los descubrimientos de todos. En los años que llevo en este trabajo, que no son muchos todavía, he conocido a gente tremendamente brillante y tremendamente competitiva. Me da la impresión de que muchos científicos senior siguen trabajando mucho porque tienen la esperanza de ganar un premio Nobel algún día. No sé si eso los hará felices, pero eso no es algo que me incumba, lo que sí me incumbe es que de sus descubrimientos nos beneficiamos todos. Si mañana alguien descubre la vacuna para el SIDA movido exclusivamente por su ego y su competitividad, pues por mí estupendo. No creo que la vacuna vaya a perder interés, ni a dejar de proteger, por las motivaciones de su descubridor. Por supuesto, eso lo conseguirá colaborando, pero como ya he dicho ambas cosas no están reñidas. Si alguien es tan competitivo que decide no colaborar con nadie para ser considerado el único autor de sus descubrimientos dudo que llegue muy lejos. 

Una anécdota al respecto, esta vez histórica. El físico alemán Werner Heisenberg fue educado por sus padres para ser extremadamente competitivo, llegando al caso de hacerlo competir continuamente con su propio hermano. Esto le causó muchos problemas a lo largo de su vida, y dista mucho de ser un método ejemplar de educación. Creedme si os digo que a mis hijos los educaré de una forma totalmente opuesta a esa. Por otro lado, esa competitividad lo llevó a ser uno de los mayores genios del siglo pasado, y de eso nos hemos beneficiado todos. El Principio de Incertidumbre es igual de válido lo haya desarrollado una persona competitiva o no. De anécdotas sobre competitividad entre científicos está llena la historia (la rivalidad entre Feynman y Gell-Mann es otro caso típico, compitieron y colaboraron).

Un caso especialmente importante donde la competitividad da beneficio es en el tema de los incentivos. En España tenemos una larga tradición de financiación mediante la norma "café con leche para todos", que es la que parece promover el tipo de la entrevista mencionada. Esta norma se basa en que todos los campos y todas las universidades deben recibir la financiación en función de parámetros no-competitivos, como el número de alumnos. Sólo recientemente se han añadido incentivos para promocionar la calidad, mediante la creación de campus de excelencia, y medidas similares. Esas medidas, que son muy beneficiosa, es criticada directamente por el señor Díez. La cuestión es sencilla, si no hay ningún incentivo para que la gente realice bien su trabajo es muy probable que mucha gente simplemente no lo haga. Siempre hay quien tiene un sentido de la responsabilidad y hace su trabajo igual de bien con y sin incentivos, pero a poco que se conozca a gente también se conocen casos contrarios a eses. Ese tema es muy importante cuando se maneja dinero público, como hacemos los investigadores, y no se debe dejar al libre albedrío de cada uno. Se debe mandar un mensaje claro a investigadores y universidades, si lo hacéis bien tendréis recompensa. Así es como funciona en los países que más destacan en investigación, y no me parece un mal método. ¿No creéis?


PS: Justo al terminar he visto un post en Brain Pickings que viene al caso, Science is competitive, aggressive, demanding. It is also imaginative, inspiring, uplifting.

sábado, 19 de abril de 2014

Bertrand Russell: El método científico en la vida

El método científico, a pesar de su sencillez esencial, ha sido obtenido con gran dificultad, y aún es empleado únicamente por una minoría, que a su vez limita su aplicación a una minoría de cuestiones sobre las cuales tiene opinión. Si el lector cuenta entre sus conocidos a algún eminente hombre de ciencia, acostumbrado a la más minuciosa precisión cuantitativa en los experimentos y a la más abstrusa habilidad en las deducciones de los mismos, sométalo a una pequeña prueba, que muy probablemente dará resultado instructivo. Consúltele sobre partidos políticos, teología, impuestos, corredores de rentas, pretensiones de las clases trabajadoras y otros temas de índole parecida, y es casi seguro que al poco tiempo habrá provocado una explosión y le oirá expresar opiniones nunca comprobadas con un dogmatismo que jamás desplegaría respecto a los resultados bien cimentados de sus experiencias de laboratorio.

Este ejemplo demuestra que la actitud científica es en cierto modo no natural en el hombre. La mayoría de nuestras opiniones son realizaciones de deseos, como los sueños en la teoría freudiana. La mente de los más razonables de entre nosotros puede ser comparada con un mar tormentoso de convicciones apasionadas, basadas en el deseo; sobre ese mar flotan arriesgadamente unos cuantos botes pequeñitos, que transportan un cargamento de creencias demostradas científicamente. No debemos deplorar del todo que así sea; la vida tiene que ser vivida, y no hay tiempo para demostrar racionalmente todas las creencias por las que nuestra conducta se regula. Sin cierto saludable arrojo, nadie podría sobrevivir largo tiempo. El método científico debe, pues, por su propia naturaleza, limitarse a las más solemnes y oficiales de nuestras opiniones. Un médico que aconseja un régimen, lo dará después de tomar en cuenta todo lo que la ciencia tiene que decir en el asunto; pero el hombre que sigue su consejo no puede detenerse a comprobarlo, y está obligado, por consiguiente, a confiar no en la ciencia, sino en la creencia de que su médico es un científico. Una comunidad impregnada de ciencia es aquella en la que los expertos reconocidos han llegado a sus opiniones por métodos científicos; pero es imposible para el ciudadano en general repetir por sí mismo el trabajo de los expertos. Hay en el mundo moderno un gran conglomerado de conocimientos bien comprobados en todo género de asuntos; y el hombre corriente los acepta por autoridad, sin necesidad de dudar. Pero tan pronto como cualquier pasión violenta interviene para torcer el juicio del experto, éste se hace indigno de esa confianza, cualquiera que sea el bagaje científico que posea.


La perspectiva científica
. Bertrand Russell. 1931

jueves, 20 de marzo de 2014

Los científicos y la cultura (respuesta a :"Un país de ignorantes orgullosos")

He leído recientemente un artículo de Patricia F. de Lis, titulado un país de ignorantes orgullosos. El tema que trata es muy recurrente en el mundo de la física y la divulgación, el desprecio por parte de cierto sector cultural hacia la cultura científica. En concreto habla de como los tertulianos de la radio pública comentaban de forma jocosa el no haber entendido el reciente resultado sobre la inflación. 

La falta de cultura científica es un problema, ciertamente, y se puede ver reflejado en muchos aspectos de la sociedad. En los programas de debate raramente hay científicos, sino expertos todólogos que lo mismo opinan de la situación de Ucrania, que del derecho al aborto, que de la situación científica española. Los manifiestos "intelectuales, generalmente a favor o en contra de alguna decisión gubernamental, están llenos de firmas de escritores, periodistas, actores, cantantes, pero rara vez importa la opinión de los científicos (ni las de los maestros, profesores y demás, pero eso es otra cuestión). En definitiva, que la sociedad española necesita más cultura científica es algo, en mi opinión, incuestionable y prioritario. 

Por otro lado, hay que reconocer que el nuevo resultado de la colaboración BICEP es bastante complicado de entender. Yo mismo soy físico, y estuve el día siguiente del anuncio en una charla que dieron los padres de la teoría inflacionaria en mi universidad. He de reconocer que entendí aproximadamente la mitad de la misma, ya que gran parte fueron cuestiones que están muy lejos de mi campo. Dada la importancia de este descubrimiento estoy haciendo un esfuerzo por comprenderlo lo mejor posible, pero con muchos otros no lo hago por simple falta de tiempo. Es evidente, entonces, que mucha gente no científica no comprenda bien cuál es el nuevo resultado y la importancia del mismo. Por suerte hay intentos de explicarlo para gente profana como el maravilloso post de cuentos cuánticos. No es razonable esperar que unos tertulianos comprendan y sepan comentar sobre este tema. Quizás lo que hay que hacer es olvidar la figura del tertuliano que opina de todos los temas, y pasar a invitar a gente informada de cada tema. Eso solucionaría muchos problemas, pero no sólo en cuestiones científicas. 

Por otra parte, según mi filosofía de intentar ver las cosas como son, en vez de como yo querría que fueran, no puedo obviar una frase del artículo: "No conozco a ningún científico que se jacte de no haber ido a un museo, de no haber visto una película o de no haber leído a Shakespeare". Esta afirmación sólo puede tener una causa, la autora conoce muy pocos científicos, o los conoce en poca profundidad. Me encantaría pensar que los científicos somos mejores en ese sentido que otros colectivos, que respetamos todas las ramas del conocimiento y somos menos prepotentes que otros miembros de la sociedad, pero el realismo no me deja. A lo mejor lo que quiere decir es que no conoce ningún científico que haya pronunciado en voz alta, y delante suya, la frase "me jacto de no haber leído a Shakespeare", aunque eso no fue lo que hicieron los tertulianos que critica, creo yo. 

No sé cuál es la causa psicológica concreta, pero en mucha gente veo una tendencia a intentar convencer a los demás de que sus conocimientos y su estilo de vida es el mejor. Yo soy alpinista y a los que no lo seáis os costará imaginar cuantos libros y artículos hay escritos basados en una simple idea: "Si no eres alpinista, tu vida es una mierda". Por supuesto, esto ocurre en muchos otros ámbitos. El que viaja mucho intenta convencer a la gente de que hay que viajar, el que vive en su pueblo toda su vida habla de lo importante que son las raíces, el que lee mucho lo mismo, el que sabe de electrónica, el que hace yoga... Los científicos no somos una excepción. En continuas ocasiones he visto a un científico, o simplemente una persona que ha estudiado una carrera científica, comentar lo importante que es que la gente aprenda más matemáticas, para inmediatamente después mostrar una total y absoluta ignorancia en otros temas como la política, la geografía o la literatura. 

Por supuesto yo tengo mi propio estilo de vida, en el que se incluyen muchas de las cuestiones mencionadas como aprender más de ciencia, viajar o practicar el alpinismo. En ese sentido, intento reducir al mínimo mi prepotencia con respecto a mi estilo de vida, aunque he de reconocer que no siempre lo consigo.


En definitiva, me gustaría que los científicos, y la gente con cultura científica, no veamos la paja en el ojo ajeno sin ver la viga en el propio, y que veamos nuestros propios defectos y carencias como vemos los de los demás.


Os dejo con una exageración humorística de la actitud de muchos científicos en estos temas. 


sábado, 25 de enero de 2014

El peligro de la no-vacunación para los niños vacunados

Foto vista en el grupo de facebook, I fucking love science, sobre los peligros de la no-vacunación incluso para los niños que sí han sido vacunados.



Traducción (libre):

- ¿Cómo pueden ser mis hijos no-vacunados un peligro para tus hijos vacunados si estás tan seguros de que las vacunas funcionan?

- Me alegro de que preguntes. Déjame responder de manera que lo entiendas.

1. Las enfermedades no han desaparecido. Simplemente están controladas porque la gente con sentido común vacuna a sus hijos.
2. Hay gente sin sentido común; ellos no vacunan a sus hijos. Sí, hablo de ti, amanecer cariño, con tu doctorado por la Universidad de Google y tu postdoc en Whale.to. (Nota: whale.to es una web con enlaces a todas las tonterías pseudocientíficas del mundo).
3. Porque tus pequeños querubines tienen más probabilidad de enfermar. 23 veces más probable para la tos ferina, y 35 veces para el sarampión, por ejemplo.
4. Tus pequeñajos tienen más probabilidad de verse expuestos a estas enfermedades. Porque antivacunas como tú suelen relacionarse con otros antivacunas.
5. Tus pequeños amores pueden contagiar a otros niños que son demasiado pequeños aún para vacunarse. 
6. Estos niños inocentes se contagian de enfermedades mortales extendidas por gente suficientemente estúpida como para no vacunarse (¡como tú!).
7. Ninguna vacuna es 100% efectiva, por lo que niños vacunados puede contagiarse de tu enfermedad. Necesitamos una alta vacunación para tener protección de grupo.
8. Infecta a suficientes niños y alguno morirá. La mayoría tendrán secuelas de por vida, otro simplemente sufrirán una enfermedad innecesaria.
9. Todo ese sufrimiento será TU culpa por no vacunar a tus enanos.

A todo esto I fucking love science añade un décimo punto:

10. Some children are immunocompromised or are allergic to a component of vaccines, and so cannot be vaccinated. They rely on herd immunity to keep them safe and healthy.

10. Algunos niños tienen inmunodeficiencia o son alérgicos a las vacunas, por eso no pueden ser vacunados. Esos niños dependen de la inmunidad de grupo para mantenerse sanos y salvos. 

Edición: La fuente original ha subido también esta foto con el daño causado por el movimiento antivacunas, por países. (Fuente)




sábado, 21 de diciembre de 2013

Carl Sagan: La cuestión del aborto: una búsqueda de respuestas


La cuestión quedó zanjada hace años. El poder judicial optó por el término medio. Uno pensaría que la polémica había concluido, pero sigue habiendo concentraciones masivas, bombas e intimidación, muertes de trabajadores de clínicas abortistas, detenciones, intensas campañas, drama legislativo, audiencias del Congreso, decisiones del Tribunal Supremo, grandes partidos políticos que casi se definen sobre la materia y eclesiásticos que amenazan con la perdición a los políticos. Los adversarios se lanzan acusaciones de hipocresía y asesinato. Se invocan por igual el espíritu de la Constitución y la voluntad de Dios. Se recurre a argumentos dudosos como si fueran certidumbres. Los bandos en liza apelan a la ciencia para fortalecer sus posiciones. Se dividen las familias, maridos y mujeres deciden no hablar del asunto, viejos amigos dejan de hablarse. Los políticos examinan los últimos sondeos para descubrir qué les dicta la conciencia. Entre tanto grito, resulta difícil que los adversarios se escuchen.


Las opiniones se polarizan. Las mentes se cierran.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Economía y pseudociencia: crítica a las falacias económicas imperantes

Recientemente el economista Jose Luis Ferreira ha escrito un libro, titulado Economía y pseudociencia: crítica a las falacias económicas imperantes. Para quien no lo conozca Ferreira es profesor titular de economía en la Universidad Carlos III de Madrid. Su faceta divulgadora la desarrolla principalmente en su blog Todo lo que sea verdad, y también en es colaborador activo del blog Mapping Ignorance. Leyendo sus posts se puede apreciar bien cuál es su postura, la defensa de una ciencia económica basada en el empirismo, en el análisis de datos, la realización de experimentos y simulaciones por ordenador. Debido a eso creo que lo puedo catalogar como el economista más científico que conozco, muy por encima en ese aspecto de otros que suelen rellenar columnas día sí día no en los periódicos españoles. 

Como se puede deducir del título del libro, este va sobre economía y ciencia. Mi postura en ese tema siempre ha sido que no tengo muy claro si la economía se puede considerar una ciencia. La capacidad de experimentación es limitada, igual que la capacidad de hacer predicciones que puedan ser luego contrastadas. Estas cuestiones las trata Ferreira en el primer capítulo de su libro, explicando que si bien la economía puede ser diferente de las demás ciencia dentro de ella sí se pueden identificar comportamientos más científicos y otros que van en contra de toda experiencia. Igualmente el carácter predictivo de la economía no es igual que el de la física, por ejemplo, pero eso no quiere indicar que no haya posibilidad ninguna de predecir ciertos eventos que ocurrirán si se toman ciertas medidas. 

Una vez terminada la introducción el libro pasa a desmontar distintas opiniones económicas que, según el autor, carecen de fundamento. Básicamente cada capítulo se centra en un aspecto de la economía y revisa de manera crítica afirmaciones e ideas que están bastante extendidas. Algunas de estas ideas son muy generales, pero otras vienen directamente de artículos y libros publicados por otros autores. Ahí los errores aparecen con nombre y apellidos, y no son pocos los que reciben su crítica. Gente popular en España como Niño Becerra, Vicenc Navarro o Alberto Garzón y gente internacional como Paul Krugman o Paul Grignon son algunos de los criticados. Lo más importante, en mi opinión, es que el autor nunca critica a la persona, sino la idea, y no la critica desde un punto de vista ideológico, sino con argumentos empíricos. 

Un ejemplo son las predicciones de Niño Becerra, y como no se han ido cumpliendo. Un dato curioso que yo no conocía es que este politólogo es aficionado a la astrología y presento una ponencia en un congreso astrológico sobre: Las grandes crisis socioeconómicas en la era de Piscis. En mi opinión esto debería se suficiente para no volver a tomar en serio a este hombre y sus predicciones en el futuro. Ferreira es más correcto y se limita a criticar sus afirmaciones y predicciones en economía.

Otro ejemplo se encuentra en el libro Hay alternativas [2], de Vicenç Navarro, Juan Torres López y Alberto Garzón. En ese libro se pronuncia repetidas veces el siguiente argumento: 

Cuando los ingresos salariales son bajos y las pequeñas y medianas empresas tienen dificultades porque no hay gasto suficiente, lo que ocurre es que aumenta el endeudamiento. Eso les viene muy bien a los bancos, porque su negocio es precisamente ofrecer créditos, y por eso piden siempre políticas de contención salarial. 

Esta afirmación es criticada en el libro no por afirmar que los bancos interfieran en las políticas económicas, sino por el método que sugiere. 

¿De dónde sale el que los bancos prefieran una ciudadanía pobre y endeudada, con alto riesgo de impago? Los bancos dan más crédito cuanto mayores sean los salarios y los beneficios de las empresas. ¿Por qué no se van los bancos a los países más pobres? ¿Por qué tienen más beneficios en los países más ricos? La realidad del negocio bancario hace extremadamente irreal esa teoría conspiratoria. Si la hay, será en otros términos.

Por supuesto yo no entro a valorar quién tiene razón, sobre todo ya que no he leído todavía el libro de Navarro-López-Garzón, pero es claro que la argumentación de Ferreira está basada en la experiencia, y no en verdades a priori o cuestiones ideológicas.

Todo el libro está empapado de esa idea, las opiniones económicas deben ser contrastadas y analizadas desde un punto de vista crítico y lo más científico posible. Como investigador no puedo más que apoyar ese punto de vista. Por supuesto, las cuestiones económicas tienen mucho de ideología, nadie lo duda, pero la ideología no puede movernos a ir en contra de la realidad. 

Además de la crítica a posturas pseudoeconómicas en los medios, el libro también analiza ciertas situaciones actuales. Ejemplos son el copago en medicina, la producción intelectual y las descargas o la Tasa Tobin. En todos los casos se defiende que las propuestas se deben defender en función de su eficiencia y de los objetivos a conseguir. 

Un ejemplo es lo que el autor denomina el "Monopolio Intelectual", es decir, la protección de los autores intelectuales mediante derechos de autor, pago por copia privada o legislación en contra de las descargas. Sobre ese debate se exponen dos posturas diferenciadas. 

El discurso a favor del monopolio intelectual suele tener la siguiente argumentación: 

«Si no se protege al autor mediante los derechos de autor, compensaciones por copia o por piratería— se corre el peligro de quitar los incentivos para la producción intelectual. Si la copia es libre, el autor perderá la remuneración por la venta y uso de su obra y se dedicará a otra actividad».

El discurso en contra dice algo así:

«El autor tiene otras fuentes de remuneración distintas y que tienen que ver con su condición de autor —como subsidios, trabajos remunerados o premios—. Además, las preferencias por el original y las ventajas de ser el primero en distribuir la obra permiten ya una remuneración. La copia ayuda a la difusión de la obra y a la celebridad del autor, que se beneficiará por ello». 

Después de analizar el tema el autor concluye: 

Consideremos ahora dos mundos alternativos que pueden suceder si la copia está permitida. 

– El mundo optimista. El nivel de creación sube un 30%, la difusión crece un 100% y la remuneración de los autores se mantiene.

– El mundo pesimista. El nivel de creación desciende un 70%, la difusión crece un 50% y la remuneración de los autores se reduce un 80%.

¿Es deseable permitir la copia? Creo que podemos concluir que sí en el mundo optimista, y que no en el pesimista. De nuevo la respuesta a la cuestión es empírica, y no apriorística. El saber si el número de títulos publicados varía o no con la introducción de nuevas leyes de derechos de autor será interesante, como también lo será el saber qué proporción de la remuneración a los autores llega por derechos de autor y qué parte llega por otras fuentes de ingreso como tocar en conciertos —muchos con subvenciones públicas— o tener una profesión en la que hacer valer la actividad creadora —desde profesor hasta conferenciante, columnista o tertuliano—, por poner solo un par de ejemplos.


Me parece un punto de vista interesante sobre un tema muy de actualidad. Continuamente se participan en debates donde se ven afirmaciones apriorísticas de este tipo. Que si no hay derechos de autor se producirá más o menos, que el software libre o privativo permite más o menos productividad y ahorro (véase mi opinión en Los Mantras del Software Libre), y muchos otros temas. Coincido con el autor en que serían deseables más argumentos, al menos en lo que a productividad se refiere. Por supuesto en este, y muchos otros temas, hay cuestiones éticas por discutir, pero cuando se habla de productividad se debería argumentar mejor. 

En definitiva es un libro completo y sencillo. No es un manual de economía, ni profundiza demasiado en cada tema. Quizás ese es su principal defecto, ya que yo hubiera preferido un análisis más profundo de algunos de los temas. En cualquier caso, para gente sin conocimientos de economía e interesados en la ciencia, como yo, es muy recomendable. 


[1]  Navarro, Vicenç et. al: Hay alternativas: propuestas para crear empleo y bienestar en España , Sequitur, Madrid, 2011.